La suerte está de su lado

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Esta es una anécdota en partes: la 47ava en la saga del Dr. Kovayashi.

La luna llena invitaba a la introspección. Opalina, su luz se reflejaba en cada herraje de ese barco que navegaba en penumbras. Al mismo tiempo, desde vientre del Timor llegaba a cubierta el rumor de los motores. Las puertas y escotillas lo apagaban en parte, pero era su carácter constante lo que lo volvía enloquecedor. Frente a semejantes vicisitudes, el doctor se convenció de que enaltecer el espíritu en ese momento carecía por completo de sentido, y se puso a razonar acerca de los pedazos de carne que Makraff le había servido al mediodía. Era imposible que provinieran de algún pescado de río; desde que él estaba a bordo, nadie había tirado las redes, nunca. Muy por el contrario, esos músculos asados eran tan resistentes al tenedor que no podía tratarse de otra carne más que la de un mamífero; una carne rara, rarísima, roja. Además, los trozos eran inmensos. Parecían tronchados de los muslos del animal ya que en su centro tenían un único hueso, seguramente un fémur. Estaba astillado. Kovayashi había comido con fruición hasta no dejar nada en la fuente. Su estómago admirable y una siesta de ocho horas lo protegieron de cualquier trastorno digestivo.

Los dos hombres permanecían sentados frente a frente en posición zen, cual era ya su costumbre. El calor húmedo e inaudito había obligado a Makraff a quitarse la camisa. Sudaba como un beduino extraviado. De repente, la atención del doctor se concentró en una decena de cicatrices circulares que en un giro del río negro brillaron a la luna sobre el pecho de Makraff. “Son viejos queloides. Cicatrices, tal vez”, pensó el doctor.

– “¿Picaduras?”, preguntó en voz alta Kovayashi mientras apuntaba al pecho del capitán con su índice y lo miraba fijamente con las cejas enarcadas, como incitándolo a hablar. La respuesta de Makraff no se hizo esperar.

– “Hay en estas tierras hombres intrépidos que sabiamente callan ante mi presencia. Los respeto. También existen simpáticos mequetrefes que saben moverse entre la curiosidad y la irreverencia. Ellos me divierten. Sin embargo usted, doctor… usted me desorienta. Pregunta como si desconociera quién soy, como si quisiera mostrarse fuerte en su aparente sutileza y buenos modales. En otra situación lo habría hecho desollar por Patinho, mi servil carnicero. Pero descuide, como invitados de honor del Timor, ni usted ni sus pulguientos amiguetes tienen nada que temer. La suerte está de su lado. Sepa que tampoco le preguntaré por qué ni cómo ha llegado a esta selva y a este barco, no me interesa. Cuando haya terminado de escuchar mis historias, recién entonces llegaremos a destino y será libre de olvidarme, o no. En fin… Por el momento he perdido el hilo de tan amena conversación. ¿Qué me decía usted?”

El doctor había escuchado con atención a Makraff. Tenía la certeza de que el capitán actuaba bajo una especie de miedo atávico a estar equivocado, a mostrar que no era aquel personaje que a sí mismo se describía de una forma tan extrema y despiadada. Eso no estaba mal, era clave para permanecer, para subsistir. Por el contrario, Kovayashi era amigo de las equivocaciones, como cabe esperar del espíritu de todo buen científico. Al reconocer a la equivocación como una arista en común entre ambas vidas, el doctor comenzó a respirar más seguro y aliviado.

– “Me preguntaba, capitán, si esas marcas en su pecho eran picaduras”.

– “No, no, en absoluto. Son heridas de mi primera y última incursión a los dominios de los hombres-hormiga”.

Continuará…

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7 comentarios en “La suerte está de su lado

  1. Muy interesante cómo la casualidad y la curiosidad de K. introducen la duda y el desconcierto en el discurso del capitán. Creo que por más que este trate de llevar la conversación hacia otros lugares maravillosos, y distraer la atención con sus grandes anécdotas de aventuras, nuestro científico errante no debe dejar de indagar y profundizar todas las veces que pueda, así podrá ir desentrañando el misterio del navío y de sus tripulantes. Aunque ahora que lo pienso mejor, tal vez la maniobra “distractiva” haya sido a propósito, para buscar aire y argumentos para no contestar la verdad acerca de las picaduras/cicatrices. Todas las conversaciones entre ambos evocan una partida de ajedrez, entre el jugador mañoso y soberbio (M) y el oponente minucioso y eficiente (K). No me parece que vaya a terminar en tablas…

  2. Hola, maestro MX. Me gustó el comentario. Creo que la duda y el desconcierto de Makraff tiene que ver con que él pretende hablar y no dialogar. Las preguntas lo descolocan, está acostumbrado a que nadie le hable o lo interrogue. Su forma de comunicación serían esas grandes anécdotas que lleva almacenadas en su interior y que, pienso, como hombre maduro debe querer contar antes de que sobrevenga la muerte o la enfermedad. Por otra parte, la naturaleza de K es -justamente- preguntar (y preguntarse) cosas acerca de todo cuanto lo rodea. Nunca va a dejar de hacerlo.

    También es verdad que hay demasiados interrogantes, y que eso puede haber comenzado a molestar al doctor. Pensemos: los trozos de carne, las cicatrices/picaduras, los hombres-hormiga… amén de otras preguntas que ya debe haber dejado de lado.

    Tu hipótesis acerca de ‘buscar aire/distraer’ me parece que no aplica en el caso de Makraff. Yo creo que le va a contar la verdad, tal vez exagerando algo los detalles. Según tengo entendido, quienes en vida ingresan a los dominios de los hombres-hormiga viven desventuras tan desgarradoras que llegan a preferir la muerte instantánea y el sufrimiento eterno en el averno. Lo interesante de todo esto es que Makraff sobrevivió para contarlo.

    Stay tuned! Gracias x leer y comentar!

  3. Mar

    Me encantó este envío. La luna llena algo nos ha mostrado. Coincido con MX que vi una jugada de ajedrez. Senti que la pregunta del Dr fue para cambiar de tema y no seguir pensando en lo que comío. Ninguno da puntada sin hilo. La red se está tejiendo.
    Marina

  4. alguien protege al doctor de la locura sanguinaria de makraff? debe ser alguien poderoso porque se ve que el capitán no le tiene miedo a nada. no sé qué serán los hombres hormiga, pero espero con ansías la entrega que viene porque con ese nombre mi imaginación se disparó a lugares muy fantásticos.
    abrazo, estimado!

  5. Hola Mar! El tablero de ajedrez se repite entre mis comentarios. Sin embargo, el doctor es un neófito en cuanto a gambitos y enroques. El Dr. está realmente interesado en las cicatrices/picaduras del capitán, pero también en lo que comió. Sabemos que K tiene un estómago a prueba de obuses, que sus jugos gástricos son negros y rondan el pH 1. De todas formas, se ha guardado las preguntas a la espera de que Makraff termine su historia acerca de los hombres-hormiga. Con suerte, eso ocurrirá para el mediodía siguiente, y si volvieran a aparecer cortes de carne como los ya ingeridos, la pregunta directa y arriesgada será inevitable.
    Salud y pesetas!

  6. Hola g. Vos sólo pensá que el doctor parece estar adormecido, pero sus dedos constantemente acarician su probadamente letal estrella ninja. A esta altura se protege solo. Pero es cierto que Makraff da una imagen de alucinado patán sanguinario. Es probable que en el fondo se trate sólo de una coraza de protección, pero quién sabe. De ahí todas estas dudas e interrogantes. También está esa magia de la selva amazónica, que suele venir asociada al desconocimiento y a la fantasía. No sé qué bolazo le estará por contar Makraff a K, pero difícilmente exista nada parecido a un hombre-hormiga más allá de la cabeza del capitán. Si esa anécdota que está por empezar a contar es para tapar la verdad de que las marcas en su pecho son picaduras de mosquitos, no lo sé. debe ser mejor para Makraff presentarse como un héroe capaz de escapar con vida de dominios selváticos infernales antes que confesarse alérgico a los mosquitos.

    Pero todas estas son suposiciones. Habrá que seguir el zigzagueante devenir de los hechos.

    Salud!

  7. Los pensamientos que esconden los dos personajes, luchan por no salir o salir disfrazados para desconcertar al otro. Mientras nosotros asistimos a la partida expectantes por ver qué deparará el juego.
    Espero el siguiente envite.
    Salut
    PD: me quedé pensando qué comió.

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