La historia del Timor (I)

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Esta es una anécdota en partes: la 44ava en la saga del Dr. Kovayashi.

Makraff reapareció en la cubierta antes de que el doctor pudiera recitar de memoria el número atómico de los metales alcalinotérreos. Traía consigo una bandeja con dos jarros de cerámica, utensilios y dos platos de alpaca obsesivamente bruñida. Con un ademán, el capitán señaló en la popa un área de sombra bajo un bote salvavidas; allí se sentaron a esperar un almuerzo que, hasta entonces, brillaba por su ausencia. “Esta situación”, razonó Kovayashi, “podría significar tres cosas. Primero: la interrupción para comer es una excusa para evitar mi curiosidad por los indígenas. Segundo: el Timor posee más tripulantes, como mínimo un cocinero. Tercero: Makraff siente una necesidad imperiosa de hablar con alguien y ha encontrado en mis monos y en mí seis orejas abiertas.” Sea como fuere, la inquietud del doctor se había expandido como la luz luego del chispazo en un arco voltaico. Por eso, y sin dejar de considerar la probabilidad conjunta de las tres alternativas, Kovayashi decidió darle al capitán la chance de explayarse sobre lo que deseara hablar.

– “La historia de este barco es larga, y como usted imaginará, repleta de aventuras, peligros y sinsabores, doctor. No espere relatos de loros, ni patas de palo, ni cubas de ron, puesto que aquí no hay piratas; al menos no de aquéllos. El Timor y yo hemos convivido por más de 35 años sobre las aguas de este mismo río y todos sus afluentes, desde las nacientes hasta el inmenso mar. Fue justamente en la costa del Caribe donde una noche, siendo yo apenas un adolescente vanidoso y graniento, logré encontrar a Van Rees.”

– “¿Y quién diablos es Van Rees?”, preguntó intrigado Kovayashi, especulando que tal vez se tratara del cocinero.

– “Era un holandés, el dueño original del Timor, un bastardo semienano y colorado que durante sus momentos de sobriedad hacía florecer el comercio de indígenas en la cuenca del Amazonas. Seré preciso, Van Rees recorría los ríos en busca de tribus con indiecitas turgentes, de piel cobriza y lustrosa. Y era muy diestro en lo suyo, por cierto. Sus mercancías alcanzaban precios altísimos en los puertos de ultramar. En ocasiones juntaba hasta 2 ó 3 en la bodega y las iba rustificando hasta que, a su juicio, ya estaban suficientemente acondicionadas para la venta, usted me entiende… Pero no vaya a pensar que lo considero un bastardo por eso. Por Dios, no.”

– “¿Es usted católico, Sygmund?”, preguntó de repente Kovayashi al notar la cantidad de veces que el capitán había puesto a Dios en su boca, y dejando un tanto de lado el relato.

– “¡Válgame Dios, que no! Sólo que me encanta usar ese nombre. No creo en él, ni en su amor ni en su justicia. Es más, si existiera, ya tendría que haberme hecho fulminar por un rayo o devorar por una criatura de los remolinos.” Makraff hizo una pausa, entrecerró los ojos y apoyó la mirada sobre el horizonte, signo de una intensa actividad mental. Luego prosiguió. “El caso es que encontré a Van Rees en una taberna de mala muerte. Tuve que sobornar al negro de la entrada, era la forma habitual de ingresar. El cantinero me lo señaló enarcando una ceja mientras me servía un brandy. El local estaba mal iluminado, lleno de humo respirado. Pero mi vista era buena. Volcado sobre una mesa del fondo y borracho como una cuba divisé al holandés. Lógicamente, me acerqué con cautela. El muy zorro abrió los ojos cuando me senté a su lado. Escuchó en silencio y con atención mi historia y, vaya a saber por qué razón, tal vez por mi porte, asintió. A la madrugada del día siguiente ya habíamos zarpado. Sólo pedí una litera, comida diaria y unas pocas monedas que me permitieran hacer mis cosas en cada puerto. Claro está, a cambio yo debía facilitarle el trabajo, ya sabe, el comercio, los secuestros, las indias y algunas actividades más. En esas condiciones trabajé varios años para Van Rees.”

– “¿Y qué pasó después? ¿Qué se hizo de Van Rees?”

– “Por todos los santos, sea paciente, doctor… Con Van Rees aprendí el negocio a la perfección y estaba seguro de poder llevarlo adelante por las mías, incluso mucho mejor que él. Pero el bastardo había cumplido siempre su palabra, tanto conmigo como con el resto de la tripulación, y…”

– “¿El resto de la tripulación? ¿Es que hay más personas en este barco?” , interrumpió Kovayashi, satisfecho de ver confirmado el segundo de sus razonamientos.

– “Válgame Dios que sí. ¡Qué olvido el mío! Ellos son Patinho y El Palmera. Ambos trabajan en la cocina, limpian, bajan a tierra, cumplen órdenes diversas. Los muy malditos son gente de temer, pero sin ellos estaríamos muertos en muy poco tiempo. Es decir, tal vez pronto lo estemos de todas maneras; y en particular, yo.”

Las colas de David y Nikola, que habían escuchado con atención el relato del capitán Makraff, se enroscaron sobre sí mismas ante la simple idea de perecer en el intento de llegar a Buenos Aires.

Continuará…

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8 comentarios en “La historia del Timor (I)

  1. Mar

    Reconozco aquí al Dr. científico que puede olvidarse de todo cuando le cuentan una historia o cuando está trabajando. No puede con su ansiedad por procesar la información, entender y predecir…
    Mi alma también necesita más de estas historias de Makraff

  2. Estupendo! Es el primero que escucho, la verdad que es genial la aplicación y queda perfecto. También el mérito es de la lectura, muy bueno.
    Ahora el ritmo acelera con las historias de Makraff, la info en cuentagotas es particularmente atractiva, sobretodo por los disparadores que activan la mente del Dr. Y ese Dios de mentirita que recorre la cubierta y los camarotes no sé que tan alejado está del alma del Capitán…

  3. Hola Mar! Tal cual, el doctor, el científico, añora su vida civilizada. Trata de recordar cosas, de agilizar las partes de su cerebro que permanecieron relegadas en su período de clandestinidad en la selva ante la necesidad de vivir y sobrevivir. La table periódica es un buen punto para comenzar, máxime los elementos del grupo 2 de la tabla periódica. Y justamente por estas razones (endeblez, inestabilidad, razonamiento científico diferido) sucede que cuando lo interrumpen se distrae. Por otra parte, como bien decís, el doctor está tratando de decodificar la información que le brinda Makraff en cuentagotas. Sus historias son incompletas, siempre olvida partes y esconde otras. Así no hay descanso para las neuronas cansadas de Kovayashi. pero lo intenta, te aseguro que lo intenta.
    Quedáte tranquila, que va a haber más historias de Makraff.
    Gracias por estar ahí siempre!

  4. MX! Creo que la lectura va mejorando. Hoy lo grabé como 10 veces y lo que se escucha es el cortipegue de las mejores partes. Casi ni se nota. Casi. Creo que está muy bueno para cuando uno escribe textos largos porque así el lector puede seguirlos sin cansarse. Se lo leen como un cuentito. Está bueno. Todos los que grabé hasta el momento podrían estar mejores, pero hay un trade-off con el tiempo que te lleva, que puede ser mucho de acuerdo con tu grado de obsesividad.

    La info en cuentagotas es un artefacto de cómo fueron escritas estas historias. Es decir, ya tengo como 6 o 7 posts escritos, ultralargos, no pensados para ser cortados. pero en algún punto hay que cortarlos y poner el querido y no siempre bien ponderado “Continuará…”. Per visto de otra manera, también tiene su atractivo. Si logro mantener un ritmo más o menos lógico de publicación la cosa se sostiene.

    Lo de los disparadores sobre la mente del Dr. un poco te lo contesté en el post anterior y algo a Mar en este. Es que también los razonamientos de Makraff siguen, de alguna manera, una línea poligonal más que un hilo lógico y recto. Entonces hay detalles sobre los que el Dr. debe repreguntar, por ejemplo. Igual, no dudo de la honestidad del capitán, más allá de todo lo que cuenta acerca de los secuestros de indiecitas turgentes.

    Abrazo!!

  5. alicia

    se está poniendo interesante! esta historia me atrapó!! tal vexz en el próximo puerto el capitán pueda recibir alguna lección de catecismo…

  6. Hola Alix! Me alegro de que te empieces a entusiasmar con las historias del doctor. Una de las más altas expectativas del doctor es no bajar a ningún puerto que no sea el de Buenos Aires, y no creo que al llegar a su casa tenga pensado tomar clases de catecismo. Lo que sí extraña, y creo que hará ni bien llegue, es retomar sus lecturas de ciencia, sus papers, alumnos y tesis. Pero para eso primero tiene que llegar. Mientras tanto, las historias de Makraff lo entretendrán en la espera.
    Gracias por leer y comentar!

  7. Que maravilla de personajes, este holandés es todo un personaje y sus actividades atrapan mi atención y que decir de Makraff. Quiero más … saludos

  8. Hola minicarver! Me alegro de que te hayas subido al Timor. Vamos quitando (por un rato) el foco del doctor y centramos las acciones en el gigantón Makraff y sus aventuras. Te agradezco el comentario. Al fin y al cabo uno también se encariña con sus personajes. Veremos para dónde se disparan las historias. Lo único cierto es que, de salir todo bien, el viaje terminará más o menos cerca de Buenos Aires y Kovayashi y sus dos monos llegarán sanos y salvos a su casa del conurbano. Por ahora parecería que todavía están lejos.
    Un abrazo y gracias por leer y comentar!

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