Viento en popa (II)

Estándar

Esta es una anécdota en partes: la 43ava en la saga del Dr. Kovayashi.

En muy pocas millas el paisaje había cambiado, y ese indicio inequívoco de avance aligeró el espíritu del trío. La margen derecha había pasado de selva cerrada a una sucesión de arbustales bajos, palmeras y playas doradas. Del otro lado, los gigantes de basalto ya no eran tan altos; por encima de sus hombros había aparecido una deslumbrante franja de cielo horizontal. Kovayashi llevaba su mano a modo de visera pues admiraba a dos bandadas que desde el cielo acompañaban la marcha del Timor. “Han de ser guacamayos, tal vez hoacines”, aventuró el doctor en función de la manera en que aleteaban. Llevaba largos minutos mirando hacia arriba. Esos plumajes tan coloridos lo entretenían mucho más que la vista del río negro, cuyas aguas sólo mostraban un exceso de materia orgánica descompuesta y hedionda. Tan abstraído se hallaba con las aves que no se percató de la presencia del capitán, quien sigilosamente se le había puesto a pocos centímetros por detrás.

– “¡Cuánta belleza la de esos arasaríes!”, reflexionó Makraff con la mirada clavada en el firmamento. En silencio, Kovayashi no tuvo más remedio que reconocer que no era más que un neófito en cuanto a aves tropicales.

– “Ciertamente”, respondió sin volverse, sin demostrar cuánto se había asustado con su vozarrón rasposo. “Me recuerdan, aunque no sé por qué, a aquel albatros que el marinero matara con su ballesta.”

La respuesta de Makraff, con voz afectada, no se hizo esperar:

God save thee, ancient mariner,
from the fiends tha plague thee thus
Why look’st thou so? ‘With my crossbow
I shot the Albatross’

Kovayashi, cariacontecido, dio un giro sobre sus talones para quedar frente a frente con la abundante barriga de Makraff.

– “Oh, Dios, qué desafortunada decisión”, reflexionó el capitán.

– “Yo tomaría con pinzas eso de ‘desafortunada decisión'”, se aventuró a comentar el doctor. “Después de todo, Coleridge escribía ficciones, fantasías, pero esos avechuchos son tan reales como usted y como yo. Los depredadores las cazan y las comen, y no por eso caen en eterna desgracia.”

Puestos a manejar asuntos corrientes más allá de escritorios y experimentos, algunos hombres de Ciencia a menudo atraviesan estados de obnubilación semejantes a anoxias cerebrales pasajeras. El doctor era tan consciente de esa deformación profesional que se sintió orgulloso de la gansada que había dicho.

– “Tal vez sí, tal vez no, ¿quién puede saberlo? Le ruego no se enfade conmigo, doctor, pero me pregunto qué sería de la poesía si los poetas pensaran como usted. Además, ¿qué hay de las creencias populares, los mitos, la leyendas? Fíjese, si no, que los indígenas de por aquí reverencian a las arasaríes. Las consideran un buen agüero. Este viaje ya ha sido bendecido por esas dos bandadas.”

– “¿Indígenas? ¿Ha dicho indígenas?”

– “Mi Dios, en minutos almorzaremos y yo aún aquí arriba. Discúlpeme…”

El capitán regresó a las entrañas del Timor con el mismo sigilo con el que emergiera minutos antes. No sólo había evadido la respuesta, también había sorprendido al doctor con sus conocimientos de literatura inglesa y había hablado de indígenas. No obstante, la palabra que más inquietara a Kovayashi fue ‘almorzaremos’, puesto que en ese momento descubrió cuán hambriento estaba.

Continuará…

Versión imprimible -> Viento en popa (II)

Escuchálo online en Soundcloud

Anuncios

14 comentarios en “Viento en popa (II)

  1. Marina

    Pájaros de buen agüero, almuerzo a bordo, qué más puede pedir el Dr. Igual me siento un poco mareada todavía. No sé a qué puerto llegaremos

  2. Hola Mar! Son buenos augurios para los indígenas. Nadie habló del Timor. El recorrido no será fácil. El pH de esas aguas es ácido, hay vórtices descontrolados, peces voraces, etc. En su ansiedad, en su tensión, Kovayashi había olvidado cuánto hambre tenía. Me llama la atención que no haya olido nada. Según Makraff, el almuerzo estaría casi listo. Vaya a saber qué van a comer. También me pregunto por qué el capitán rehuyó la respuesta y se fue adentro del barco. Habrá que ver si el viento sigue en popa.
    Gracias por estar siempre ahí!

  3. Hola Alis. Una muy buena pregunta la tuya. En breve, más o menos, lo sabrás. Obviamente, Makraff no es el cocinero. Claro, es el capitán. Por ahora sabemos poco de él, pero sí sabemos que Kovayashi está inclinándose a preguntar más que a hablar. De alguna manera, es prisionero en el Timor, independientemente de que todo marche viento en popa. Imposible bajarse. Además, sería volver a la selva que acaba de abandonar. No, deberá seguir adelante y tratar de que lo que queda de viaje sea lo más saludable, entretenido y seguro posible.
    Gracias por leer y comentar!

  4. Minicarver! Un gusto tenerte por acá. Sí, la voz es mía. Derroté la vergüenza y me animé a grabarme. Prometo leer mejor las próximas publicaciones. Gracias, nos seguimoes leyendo.

  5. Coleridge y arasaries, una extraña combinación que no deja de asombrar. Además que ni se sabe la hora pero lo cierto es que aun no han almorzado. Solo cabe gritar “nuestra meridiana majestad, sabernos partes de una maravillosa totalidad”.
    Bonita voz.
    Salut

  6. Hola micromios! Ciertamente, la combinación es extraña. Nunca habría imaginado que un marinero en la cuenca del Amazonas podría recitar de memoria una estrofa de La rima del viejo marinero, en inglés antiguo, mientras espera el almuerzo bajo un sol devastador. El doctor tiene una gran facilidad para meterse en situaciones fuera de lo común. Pero por ahora, creo que su estrategia seguirá siendo “quedarse en el molde” ya que Makraff lo está sacando de esa selva para acercarlo, mínimamente, a algún lugar civilizado. O hasta Buenos Aires, de máxima. Mientras tanto, el capitán, autoridad suprema del Timor, hará y deshará a gusto. Y también contará varias historias. Hay que estar atentos.
    Gracias! Lo de las grabaciones está divertido, ¡pero publicar cada vez me lleva más tiempo! Prometo leer mejor las próximas.
    Saludos y gracias por leer (y escuchar)

  7. Lo que más me intriga es saber cómo el Dr. podrá aunar la poesía, la ciencia, los mitos y leyendas de manera tal que se le aclare el panorama, o, en el mejor de los casos, encontrar una punta de la cual tirar para desenmarañar el embrollo en el que navega. Por lo pronto, y desde el llano, considero que no está nada mal un opíparo almuerzo para pensar mejor, después de la siesta…

  8. MX! No sé, no sé. Realmente no sé. Hay espacios inalcanzables dentro del hipervolumen que representa la maraña del razonamiento kovayashiano. Pero lo que sí sé es que él es consciente de que sobre del Timor la juega de punto y voluntariamente le cede terreno a Makraff. Este terreno cedido consiste en, principalmente, dejarlo contar sus historias. Esta entrega es un poco el fin de la parte en la que ambos personajes se descubren y miden. De ahora en más, el centro de la atención estará en Makraff. No está mal, creo, como estrategia del doctor para dejar que su mente se calme, se relaje y junte claridad y fuerza para su desembarco en Buenos Aires, donde seguramente tendrá que solucionar una andanada de problemas más allá de retomar sus actividades normales. Si es que podemos considerar que su vida es normal. En cuanto al almuerzo, tocaste un punto clave. No puedo agregar nada más. Punto final.
    Abrazo y gracias por leer y comentar!

  9. desaparece la selva y crece makraff, qué tipo raro. quiero saber lo que sabe y no le está contando al doctor. lo invitaría a tomar una cerveza, a ver si le saco de borrachera verdad, aunque creo que debe resistir la bebida mucho mejor que yo.
    abrazo!

  10. g.!
    Sip, crece Makraff. El gigantón realmente parece estar necesitando que lo escuchen. Parece tener mil historias por contar y no menos locura que el doctor. Parece un buen tipo, hasta culto incluso. Eso la hace raro. Además, estamos esperando que cuente más cosas como para confirmar cualquier sospecha. ¿Es bueno? ¿Es un bastardo? Cómo sabía que tenía que pasar a buscar al doctor por el embarcadero? Si el famoso helicóptero del Señor X no estaba allí esperándolo para llevarlo más al norte a desenterrar a su familia (y, entonces, suponemos que era una fantasía o una mentira), ¿por qué sí apareció este barco, al que son admitidos casi sin peros ni condiciones?

    Por otra parte, nada sabemos de su resistencia al alcohol, aunque en alguna entrega más adelante aparece que toma brandy. Seguramente debe tolerar la bebida mejor que cada uno de nosotros porque para emborrachar semejante masa humana es necesario tener adentro de movida muchísimos litros. Pero ojo, que para sobrevivir en el barco y en la selva es necesario estar lúcido. Y no hacerse el piola como Van Rees.

    Veremos cómo sigue.
    Salud!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s