Embarcadero a la vista

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Esta es una anécdota en partes: la 40ava en la saga del Dr. Kovayashi.

Con el sol a sus espaldas, bajo un cielo interminable y despejado, Kovayashi avanzó entre las últimas palmeras antes de que la vegetación se transformara en un colchón verde sobre los ricos sedimentos que tapizaban la rocamadre de basalto. Al igual que α y β, los gorilas que los acompañaran hasta el confín de la selva, cualquier pensamiento oscuro asociado a la muerte había quedado atrás. Ahora, la naturaleza rodeaba al grupo con belleza y febril actividad. David y Nikola perseguían sendas nubes de mariposas que con destellos azules volvían una y otra vez a los varios manchones de flores que por doquier saltaban a la vista. Los escarabajos amasaban estiércol en el pasto, y también se podían ver pequeñas ranas de patas rojas y aves que parecían cortar el aire con sus vuelos en picada. En una especie de pileta que el agua había tallado en la roca, el doctor se detuvo unos instantes a calmar la sed y a lavar el barro que lo cubría. Su rostro en el agua dejaba ver una barba no menos despareja que entrecana, además de una piel que por textura y color parecía un cuero desgastado por el tiempo. Sin embargo, se alegró al reconocer que su postura y predisposición habían vuelto a ser las de antaño, y se sentía tan lleno de vida que por un rato se divirtió con la idea -exagerada, por cierto- de regresar a Buenos Aires caminando.

No habrían marchado más de tres cuartos de hora por ese paraíso cuando llegaron al borde de un acantilado muy alto. Aquellos arroyitos que bajaran de la selva con ellos se precipitaban al vacío desmembrándose otra vez en millones de gotas, en arcoiris, en vapor. Y abajo, bien abajo, como una línea dibujada en lápiz negro sobre el negrísimo negro del basalto, el interminable río y el embarcadero. La emoción se hizo carne en los tres amigos, que no cesaban de mirar, incrédulos, hipnotizados, el tajo de norte a sur proponía el río al paisaje. Sólo restaba descender hasta el embarcadero, que estaba ubicado varios cientos de metros justo por debajo de ellos.

Contrariamente a lo que creía el doctor, no fue por fortuna que descubrieran una escalera tallada en la roca aproximadamente un kilómetro al norte. Esa era la vía natural para descender al embarcadero. En el primer descanso, Kovayashi encontró varios pertrechos del ejército del Sr. X, seguramente abandonados en la huida. Nada de lo que allí había le resultó de utilidad o valor como para ser cargado, pero el hallazgo en sí le permitió comprender cómo habían llegado hasta ese punto y aventurar hipótesis sobre aquellos mercenarios. Media hora más tarde arribaron a la margen izquierda de ese río desconocido, bastante más ancho y caudaloso de lo que habían estimado a vuelo de pájaro. La costa era breve y accidentada, por lo que para recuperar mil metros hacia el sur debieron saltar rocas, esquivar troncos y vadear remansos pestilentes. Finalmente, enclavado entre dos muros que parecían cortados a cincel, el humilde embarcadero apareció ante sus ojos.


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12 comentarios en “Embarcadero a la vista

  1. Marina

    El podía creer que por fortuna encontró la bajada? No puedo creer que se le pierdan esos detalles. Esta cansado. Esta perdiendo sus capacidades

  2. Concuerdo con Marina, también me sorprendió la ingenuidad del Dr. al respecto, tal vez tenga que ver con la barba crecida y la piel curtida, con esos años que se le vienen encima…pero no creo, estará gagá? No, tampoco.Lo que sí creo que se le está pasando por alto es la mano siniestra que va guiando los pasos del trío, llevándolos casi de las narices con las pistas, órdenes e indicios que han quedado sembrados (imposible que todo sea casualidad!).
    Veremos ahora cómo salen de ahí, a bordo de algún chinchorro o a brazada limpia, ¿los simios saben nadar?…
    Que viva el Dr!

  3. Hola Mar. Creo que tenés razón. Alega estar recompuesto pero, en realidad, lo más probables que necesite engañarse para poder continuar. Tampoco creo que ese paisaje sea tan bonito como describe el texto. Así lo debe ver el doctor. Sería bueno tener una traducción de la visión de Nikola y David. Ellos deben estar más cerca de la verdad. No creo que esté “perdiendo” sus capacidades. Deben estar aletargadas. La pregunta es si están cayendo en un letargo aun mayor o si están volviendo a aflorar a medida que se acerca al embarcadero.
    Gracias por leer y comentar siempre!

  4. MX! No creo que se trate de gagaísmo. Como le comentaba a Mar, aquellas facultades que lo llevaron hasta donde está ahora parecen estar ‘dormidas’. Pero esa visión que proponés está buena: quizás exista un poder más elevado y fuerte que los esté guiando a un destino complicado. Hasta quizás, estas imágenes de bienestar, mariposas y pajaritos estén plantadas en la cabeza del doctor con el fin de que llegue hasta ese chinchorro, carabela, kayak o cámara de camión en ese embarcadero. de hecho, el helicóptero que había mencionado el Sr. ni siquiera apareció, y ni rastro de los soldados. ¿Alucinaciones? Quién sabe. Es obvio que cualquiera de nosotros se perdería al caminar por la selva de noche. Pero el doctor no. Siguió el camino exacto que lo llevó sano y salvo al destino. Es todo muy sospechoso. habrá que esperar y ver qué pasa en ese embarcadero.
    Abrazo, salú y pesetas.

  5. otherK

    El Dr. sabe que autoengañarse es fundamental en estas situaciones. Creo que es injusto confundir su voluntarismo con senilidad. Cuantas veces la unica salida es la boca del lobo !
    Alla va el Dr. un experto en huir hacia adelante
    Mucha suerte!!

  6. OtherK! Ciertamente nadie, excepto yo, sabe la que se le viene encima al Dr. Tengo la sensación de que los lectores comienzan a cansarse de sus aventuras, de que ya no sorprende o de que -directamente- lo subestiman. Estás en lo cierto con esa imagen de la boca del lobo, y ambos sabemos que muchas veces es la única salida, ciertamente. Eso, y nunca retroceder.
    Abrazo!

  7. no me preocuparía por el Doctor. aunque no sepa la que le espera siempre sabe como salir. más bien lo envidio por estar en ese lugar tan paradisíaco, tan hermoso. vale la pena exponerse al peligro a veces, si los ojos se llenan de esas maravillas.
    abrazo.

  8. Hola g.! Hacés muy bien en no preocuparte por Kovayashi ya que él sabe muy bien cómo cuidarse. Al menos, el hecho de que haya llegado hasta allí (después de todo lo vivido en BA con los rrochos y con Feather & Teller), y que haya podido emprender el regreso y zafar de los cazadores furtivos, así lo indica. Lo que no tengo tan claro es, como le comentaba a MX, si esas imágenes paradisíacas existen en la realidad o si se forman en la mente del doctor como un aliciente para poder seguir adelante. No hay que perder de vista, tampoco, el comentario de OtherK. Sus palabras siempre llamarán a la huida hacia adelante, a meterse en la boca del lobo si fuera necesario. Ese es el espíritu.
    Salud, y gracias por leer!

  9. a mi me da la sensación que K está en un corredor que le orienta hacia adelante, . El paisaje no creo que le influya sino más bien lo que le guia es un sendero que podria bien discurrir entre matojos que igual seguiria. Es cierto que solo el autor sabe y decide, cual dios literario, del futuro de K pero mientras tanto vamos elucubrando los lectores, incluso llegamos a pensar que se le va la cabeza(supongo que seria la explicación de gagá), qué cosas.
    Salut

  10. Muchas reflexiones ha disparado este capítulo. Desde la posibilidad de la senilidad hasta una estrategia de supervivencia. Pero creo que, de alguna manera, todos coincidimos en que el doctor no piensa detenerse ante nada. Y como dice OtherK (a quien siempre hay que prestarle atención) hay veces en las que es necesario e inevitable meterse en la boca del lobo.

    Los acontecimientos se suceden sin precipitarse. Ya está en el embarcadero, cosa que unas semanas atrás era casi inimaginable. Ya desapareció la hinchazón producto del dardo con somnífero, ya dejó atrás la selva, ya casi terminó de leer los manuscritos de Feather & Teller. La fuerza interior de K es inconmensurable. Dirán que está cansado. Sí, quizás. Pero siempre sacará nuevas fuerzas de su agotamiento mientras haya mínimas posibilidades de regresar a su barrio, a su hogar, a su escritorio, a sus libros.

    Lo último que se me ocurre es que yo, Blopas, el autor, estoy contento de que el doctor y sus monos muevan a los lectores a comentar y a opinar (bajo el supuesto de que les gusta lo que leen). De alguna manera, toda esta movida de la escritura, solitaria, desinteresada, apasionante, no pretende más que eso. Así que se agradece profundamente. Siempre hay que agradecer, creo.

    Salut!

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