Un rinoceronte macho adulto

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Esta es una anécdota en partes: la 35ava en la saga del Dr. Kovayashi.

Mucho tiempo después de que el sol tocara el cenit, Kovayashi abrió los ojos. Yacía boca arriba sobre el suelo, fuera de la celda, donde había llegado gracias a la obstinación de sus compañeros primates. Desconfiados del destino fatal del doctor lo habían arrastrado al exterior, prodigándole estimulación circulatoria y respiración boca a boca según fuera necesario. En consecuencia, verlo ponerse de pie y recobrar el control de su cuerpo representó para ellos una alegría incontenible. Por su parte, Kovayashi experimentaba una agradable paz interior, semejante a la que logran quienes templan su espíritu con el arte milenario del ayuno. No obstante, en su brazo izquierdo latía espasmódicamente un área amoratada, de cuyo centro debió desclavarse un gran dardo con plumas.

– “Membutal”, masculló entre dientes el doctor, cuyos sólidos conocimientos de química y farmacología le permitieron conservar la tranquilidad. “Esta droga puede dormir a un rinoceronte macho adulto en cuestión de minutos”, reflexionó en voz alta. Nikola y David, que habían escuchado con sus ojos bien abiertos, nunca se sintieron tan protegidos como en ese momento.

Los efectos secundarios del Membutal tampoco le eran desconocidos. Sabía que en dosis moderadas podía existir un desfasaje entre el dominio pleno del físico y del intelecto, y por esa razón se sorprendió menos de estar caminando que de descubrir que el campamento había sido abandonado. Hacía calor. El aire se movía tan lentamente que apenas agitaba el olor dulzón de los frutos del guásimo y el hedor de los animales en cautiverio. Los dos micos, mientras tanto, habían trepado a las ramas más altas del dosel y desde ahí arrojaban semillas y frutos contundentes para atraer la atención del doctor. Cuando finalmente inclinó la cabeza vio que las jaulas estaban rotas y que de sus restos colgaban, inánimes, aquellas aves coloridas que lo cautivaran a su llegada a la base. Habían sido fusiladas; sus picos ya no emitían gorgeos sino tristes gotas de sangre. ¿Habría sido la masacre obra del Belga y su ejército? ¿Y qué se había hecho del Sr. X? Nikola y David descendieron a toda velocidad hasta la puerta de la choza principal, desde donde, una vez más, atrajeron la atención de Kovayashi con chillidos y piruetas.

El ambiente de la choza era a la vez umbrío y amable, lo que reconfortó al doctor. Sin embargo, su piel se había erizado como si hubiera atravesado el aura helada de la parca. Al cabo de unos segundos, no bien se hubo acostumbrado a la penumbra, la habitación entera se reveló ante sus ojos como una fotografía vieja, y así se encontró frente a frente con el cuerpo frío del Sr. X. Había sido amarrado con sogas a una tumbona de caña; sus extremidades estaban tan contraídas y arqueadas que si se lo miraba distraídamente parecía una araña grande pisoteada. Como suele ocurrirle a los hombres de ciencia que conocen bien las vastas leyes de la Naturaleza, Kovayashi no se mostró sorprendido al notar en la piel del Sr. X. el mismo tono azulino visto en las alas de los guacamayos.

– “No caben dudas, el edema de pulmón y la contorsión sólo pudieron haber sido causados por un neurotóxico potente como el de…”

Pero el doctor no tuvo necesidad de terminar la deducción. Al abrir Nikola la boca del cadáver, un ejemplar mediano, aunque letal, de escorpión amarillo rodó pecho abajo hasta estrellarse en el suelo.


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11 comentarios en “Un rinoceronte macho adulto

  1. Marina

    Muy bueno el ambiente creado. Mi piel tambien se ha erizado. ¿cuánto tendré que esperar para saber quien introdujo a la historia tanta ponzoña? Tengo la sensación que lo conozco…
    Marina

  2. Hola Mar. Quizás esté leyendo en este mismo momento. Desde ya que lo conocés.
    Seis días después… Bueno, no. El quia no lo leyó, pero creo que por el lugar en el que se encuentra, difícilmente tenga una conexión. De todas maneras, me quedé pensando en eso de la ponzoña, que en alguna medida también coincide con el comment posterior de MX. La verdad es que el doctor avanza por la selva (avanzar es una forma de decir, apenas si ha caminado unos kilómetros desde donde estaba su propia choza) y se va topando con personas de dudosa calidad humana. ¿Por qué estarán viviendo ellos ahí, en esas condiciones? Y la respuesta es simple: ellos están ahí por razones parecidas a las del doctor. De alguna manera es gente que no podría encajar en una sociedad, en una ciudad. Como el Sr. X. Uno tiene al Dr. Kovayashi en alta estima, pero no dejemos de ver que es también un asesino. Esa ponzoña que vos mencionás tiene que ver con el encuentro del doctor con otros hombres. Nunca le pasarían cosas por el estilo de sólo interactuar con animales.

    Otra pregunta importante sería: ¿cómo seguirá la vida de Kovayashi cuando se reinserte en su barrio, si es que logra llegar? Puede que entierre para siempre su estrella ninja y se dedique nuevamente a la docencia, a sus alumnos de doctorado. Aunque espero que no quiera usar esa estrella contra sus alumnos. Porque sabemos que ellos son capaces de sacarlo de sus casillas. Igual, todavía le falta bastante para ese día.

    Por último, tu piel hace bien en erizarse. No es nada agradable ver a un cadáver contorsionado por un envenenamiento por neurotóxico. Los músculos se ponen tan tensos que hasta algunos huesos llegan a quebrarse. Me imagino la mueca rígida en su rostro, el esfuerzo del monito para tironear hacia arriba y abajo las mandíbulas, el escorpión masticado cayendo al piso. No, nada lindo es.

    Gracias por leer y estar!

  3. solo alguien con la temple del doctor puede conservar la cabeza fría ante semejante escenario y ante el hecho de que dos micos (me encanta esa palabra) le hayan hecho respiración boca a boca.
    me parece que esta nueva misión retrasa el regreso del doctor a la civilización, no lo veo muy predispuesto a abandonar el misterio que se le presenta.
    abrazo!

  4. Salud, g. Ciertamente no es lo más aconsejable que un mico le practique respiración artificial a un ser humano. Pero, a los hechos me remito, ahí lo tenemos al doctor vivito y coleando. Evidentemente, el poquito aire que le insuflaban Nikola y David debe haber alcanzado para mantenerlo respirando. Es algo así como inflar las 14 gomas de un camión con acoplado con inflador de bicicleta. Se puede, pero no es lo óptimo, ni mucho menos. Una enseñanza que nos deja esta entrega es que ante un caso en el que se requiera respiración artificial lo mejor es que sea practicada por un individuo conespecífico. Además, que el hombre descienda evolutivamente del mono no quiere decir que a todos nos deba gustar el sabor de la saliva del primate.

    Por otra parte, la palabra micos me acompaña desde mi niñez y siempre la había querido usar en algún cuento. Cuando yo era niño, en un libro de chistes que yo leía todos los días había uno buenísimo que decía “No es lo mismo un movimiento sísmico que seis micos en movimiento”. Me siento realizado, y encima te gustó. Genial, lo festejaré con helado.

    En cuanto a lo de que la misión retrasa las cosas, lo dudo. No lo descarto, pero lo dudo. Sólo puedo adelantarte que lo que falta del regreso será apasionante.

    Abrazo!

  5. Aparentemente la estadía del Dr. en la selva lo ha dotado, a mi entender, de una extraña capacidad (o condena) que hace que por donde sea que pasen él y sus dos compañeros dejen un tendal de muerte y desconcierto. Algo así como el caballo de Atila, el Huno. Probablemente esta condición sea por el momento involuntaria, y espero que el Dr. no la utilice a su favor cuando regrese a la ciudad para convertirse en un ángel exterminador!!
    Por otro lado, la creciente complejidad es el mejor escenario para que nuestro protagonista amigo se desenvuelva, nadie mejor que él para lidiar con el misterio y los enigmas. Una última reflexión: con las aves noooo!!

  6. La selva es mucho más salvaje que lo que cualquiera imagina, y el problema es que está llena de humanos. Los hombres son los que ponen en peligro a los animales, a la gente y a la selva misma. El anhelo del doctor es regresar y llevar una vida reposada, quizás volver a tener estudiantes. Son, sin embargo, las circunstancias las que lo han llevado a la clandestinidad como un vulgar asesino que huye de la justicia. De lo que nunca escapará es del juicio de su conciencia. Por suerte, por ahora es un maldito negador, y eso le permite avanzar en pos de sus anhelos.

    Abrazo, máster!

  7. Me quedo con la imagen de Nikola y David orgullosos y a la vez aliviados por los conocimientos médicos de Kovayashi. Un poco el mito del hombre blanco en la selva, reivindicando su papel de ser superior ante los otros que despues de lo pasado había perdido puntos. La selva nos pone a todos en el lugar que merecemos, aunque luego la literatura nos otorgue méritos, que por algo es litaratura.
    Salut

  8. Hola Gi. Gracias por pasar y leer (y por aguantar el asquito). Se podría decir que el Sr. X. murió en su ley. La revancha de la naturaleza, digamos. La revancha contra alguien que le extirpó a la selva cantidades de aves a cambio de un dinero que ni siquiera iba a poder utilizar. Así le fue.
    Nos seguimos leyendo.

  9. Sergio Mauri

    Antiguas tradiciones celtas aconsejaban clavarse con una espina pequeñas dosis diarias de veneno a fin de lograr una resistencia suburbana casi total a los diferentes males que en el sotobosque acechan al hombre de acción. Se ve que el Sr. X o no conocía estas costumbres de tiempos romboidales, o era un vago y malentretenido o andá a saber qué. Uno ya no sabe que pensar de la gente. Por suerte, Kovayashi todavía mantiene en alto el buen nombre de los bípedos implumes, a punta de fiera valentía y conocimiento de las ciencias elementales. Hombres así son los que hacen falta en el Ministerio de Obras Públicas, carajo!! Y en el de Agricultura, Ganadería y Pesca, también.
    Reverencia dieciochesca hasta el suelo mesmo!!

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