En las vísperas de San La Muerte

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Octava entrega de la saga del Gringo y la Lucecita, escrita a cuatro manos enter el Sr. MX cuento * chino y yo. ¡Esperamos sus comentarios!

Los eslabones  |  Melodía del desconcierto >

A lo largo de varias generaciones la familia Goitía había labrado su historia en la zona, una historia en apariencia sin máculas que imponía a la vez respeto, admiración y confianza. Los Goitía, desde el patrón Don Miguel para abajo, eran conscientes de ello, y si bien muchas veces podrían haberse aprovechado de su condición, nunca lo habían hecho. No obstante, también sabían que aquellas dos muertes en sus dominios habían sacudido tanto la monotonía del pueblo como los ánimos internos en la estancia. La buena voluntad de la peonada, esos inservibles desagradecidos que siempre andaban trayendo problemas, se había quebrado como un tallo seco y ya no se podía contar con Barzola para recomponerla; el capataz ya no era el mismo, se lo notaba disperso, ajeno a las decisiones importantes y sin el pulso firme que lo caracterizaba para manejar a aquellos salvajes.

Pronto tendría lugar el cumpleaños de Juan Manuel, el menor de los Goitía y preferido de Don Miguel, y en contra de las recomendaciones de mantener el perfil bajo, el jefe de la familia decidió armar un festejo a la medida. Se mandó invitar a todo el mundo, desde los vecinos más ilustres, pasando por comerciantes, funcionarios, el párroco, el doctor, hasta a los peones, la generosidad de la familia debía quedar fuera de toda duda. Incluso le habían hablado muy especialmente al comisario Becerra para que se dejara ver por ahí; siempre es bueno reafirmar que se camina por la misma vereda que la ley. Los Goitía no eran de andar haciendo ostentación. A pesar de la gran cantidad de gente invitada sería una jornada tranquila: mediodía de asado y vino, por la tarde unas carreras de sortija y vino, y al caer el sol un cierre con baile, guitarreada y vino. Don Miguel había resuelto contratar al Gringo y su trío a sabiendas de que los músicos gozaban de gran fama y eran apreciados por todos, y también como un guiño conciliatorio hacia la peonada. Al principio los músicos no se mostraron muy entusiasmados, pusieron algunas excusas referidas a un repertorio agotado, al cansancio, a viajes incomprobables a estancias alejadas, pero ninguno de los tres hizo alusión alguna a su anterior presentación. Esquivaron el asunto hasta que Don Miguel zanjó la cuestión con un fajo de billetes de notorio calibre. El Zurdo, Pichón y el Gringo finalmente se rindieron ante la oferta con el descontento natural de los herejes necesitados.

En la comisaría, las caras y los ánimos no andaban mejor. La investigación marchaba lenta como un buey en el barro y, para colmo de males, la presión popular comenzaba a hacerse notar. De buenas a primeras, en los troncos de la plaza y sobre algunas paredes habían aparecido afiches que reclamaban justicia por la muerte impune de Juan Gauna. Un periódico de la capital había escrito una nota al respecto, y recién entonces los altos jefes policiales despertaron de su acostumbrada modorra, comenzaron a hacer preguntas obligadas y a exigir resultados inmediatos. Con todo esto, el acostumbrado buen humor de Becerra y Carlini había comenzado a resquebrajarse como un cuero al sol. Sin embargo, seguían adelante sin cambiar un ápice su hipótesis de trabajo. Habían debido desandar varios senderos en la investigación ya que nadie en el pueblo ni en la estancia había podido aportar ni un solo dato valioso. Pero ellos morirían en la suya si era necesario. Y asistir al baile sería, justamente, uno de los últimos cartuchos que podían quemar antes de ver rodar por tierra sus cabezas.

En la estancia, los piojosos de Barzola recibieron la invitación en silencio. Se miraron preocupados. Sus semblantes se fueron tornando poco a poco más amargos, ásperos y resignados que de costumbre. Nadie mejor que ellos sabía o adivinaba que la puerta de entrada a toda la desgracia que aquejaba al pueblo había sido un festejo muy similar al que se avecinaba. Al mal paso darle prisa, pensaron algunos y siguieron la ronda del mate, aunque evitaron mirar el banco vacío que sabía ocupar el Gringo, y la silueta del capataz que se recortaba a contraluz en el marco de la puerta.

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13 comentarios en “En las vísperas de San La Muerte

  1. ay ay ay, otra fiesta, estoy como los peones, preocupada, sobre todo por el gringo, en nombre de quien reclamo aparición con vida en breve, pobrecito, que me lo tienen olvidado.
    abrazo, los sigo y me encanta que hayan emprendido esta aventura.

  2. Mar

    Veo que la Luz, o mejor dicho la Lucecita, se acerca a nuestra pareja de investigadores. Espero ansiosa los movimientos y las palabras de todos ellos en la proxima fiesta.
    Todos nos merecemos un asado con musica pa festejar bailando. c’omo nos lo vamos a perder….

  3. Pingback: Bitacoras.com
  4. Hola g.! el Gringo debería tener razones para estar más preocupado que vos. En estos días está muy metido en los ensayos para la fiesta. Es verdad, esta gente del campo nos resultó fiestera. Ya me imagino el ambiente que va a haber, con los muertos dando vueltas alrededor de la pista, haciendo de las suyas desde el más allá para que se haga justicia con sus muertes. Todos van a estar allí, desde la Iglesia hasta los policías, desde los patrones hasta la peonada. Otra vez sonarán dos guitarras y un cajón peruano. ¿Sonará diferente la música en esta oportunidad?
    Ciertamente, creo que hemos logrado una sintonía muy fina con el Sr. MX.
    Gracias por estar ahí, leer y comentar!

  5. Hola Mar! Los asados siempre son bienvenidos, pero en este en particular no me gustaría estar. Como le decía a g., se van a enfrentar todos allí. Se verán las caras deudos y culpables. Es más, dudo que alguna pareja se anime a salir a la pista. Parecía que Becerra y Carlini habían hecho grandes avances en sus teorías, pero por lo que dice el texto ahora están medio estancados. en mi opinión, se guardan un as en la manga. ¿Quién te dice que todo esto no sea una estrategia urdida entre ellos y Don Miguel? No sé, son demasiado inteligentes como para arriesgarse a dejar pasar el tiempo y que se les piante la tortuga.

    Me quedé pensando en el asado… ¿Dará el final de la saga para festejar con un asado, vino, dos guitarras y un cajón peruano? Cosas que se me ocurren, nomás.

    Gracias por todo!

  6. Me la veía venir, siempre aparece alguno de esos terratenientes que se piensan que manejan todo y toman decisiones por los demás. No quiero decir con esto que el viejo Goytía sea un ser maligno, pero en todo el entramado se nota que esa familia siempre estuvo acostumbrada a hacer lo que quiera. Espero que los lectores disfruten del ritmo acelerado que se presenta y que sin duda va a continuar, las historias empiezan de a poco y se terminan de golpe, como dicen por ahí.
    Buena suerte y más que suerte!

  7. Es que algunos terratenientes no sólo piensan que manejan todo sino que efectivamente lo hacen. Y yo creo que Miguel Goitía, envuelto en un manto conciliador, debe estar llevando adelante alguna estrategia para mantener el control de su estancia y de las personas dentro de su esfera. De todas maneras, pienso que su trabajo conciliador es sincero ya que necesita que las aguas se serenen. A mí, la duda que me surge es por qué mantiene obstinadamente a un capataz como Barzola. Evidentemente, deben sostener principios similares. Deben ignorar a los piojosos como personas en sí mismas. Sólo así se entiende que no haya abierto la boca después de la barbaridad que se mandó Barzola al mandar a Gauna a tomarle el perímetro escrotal a Martínez. Don Miguel sabe perfectamente que así no se hacen las cosas, mucho menos con niebla. Claro, un peón se reemplaza fácilmente que un capataz. Ergo, tenemos que Don Miguel es, esencialmente, un falso. Es más, le llenará la fiesta al hijo con personajes a los que nunca habría dejado ingresar al casco de su estancia.
    Gracias, y más que gracias!

  8. Una reunión muy oportuna. Poner todos los pájaros en la jaula y a ver quien empieza a picar.
    Cuando alguien mete piojosos en su fiesta con el consiguiente peligro de contagio es porque el beneficio que espera alcanzar supera la incomodidad.
    Veremos qué música tocan.
    Salut

  9. ¿Qué decir? Mi viejo acostumbrado a las frases hechas decía, Hombres, hombrecitos y piedras de mechero.

    Cómo confesar que eres escritor sin ofender a nadie, que escribes como los escritores y te expresas como ellos. Que destilas literatura y narrativa, que llegas, que pasas, que calas, perturbas y admiras

    ¿Cómo decir?

    Quizá el mundo todavía no se haya dado cuenta, pero yo si.

    El Corrector

  10. Hola micromios! Vamos a ver cómo termina la reunión. Hay varias opiniones. Algunas dicen que está todo armado por la policía con la colaboración del dueño de la estancia. Otras dicen que es claramente una iniciativa de Don Miguel y que Becerra y Carlini aprovecharían la volada para poner a prueba una de sus últimas hipótesis. Es verdad que poner a todos en contacto tiene sus riesgos, pero seguramente es algo necesario para que ellos mismos se pongan en evidencia. Es esa incomodidad, esa tirantez la que los policías esperan utilizar. Lo que yo me imagino es que va a ser un baile bastante particular, pocas parejas tal vez. Pero buena música, seguro. el gringo y su conjunto son buenísimos, y si además les vienen pagando los ensayos… Música para oídos sordos.
    Salut!

  11. Qué honor esta visita, eduard! Estuvimos leyendo tu comentario con MX, con quien venimos escribiendo esta serie de textos que se desarrollan en algún lugar del campo argentino, y estamos de acuerdo en que no sólo nos alegra que hayas pasado a leer sino también que tu comment nos halaga.

    Es un buen ejercicio esto de escribir de a dos. En la tarea de corregir eliminamos palabras, frases, párrafos y también egos. Creemos que estos textos nos están saliendo bien; casi no se nota quién escribió cada cosa. Es más, en lo personal es la primera vez que escribo algo estilo campero, gauchesco (donde escribieron genios como Ricardo Güiraldes, José Hernández, Estanislao del Campo y Rafael Obligado, entre otros). La saga surge desde la admiración y el respeto hacia ellos.

    Estamos todos en el mismo corral, tú, nosotros: el mundo aún desconoce cuánto se pierde. Pero ya abrirán las tranqueras y entonces, como bien dice MX, “Que bufen los eunucos”.

    Salut, Corrector, y no me afloje ni un tranco ‘e pollo!
    Blopas y MX

  12. Sergio Mauri

    Es fama que los terratenientes son, en general, unos desalmados.
    Pero también es real que Barzola y la peonada mas que alma, adentro tienen un almanaque. Y medio deshojado, para colmo.
    Y lo cierto es que, donde hay música y alcohol, la cosa suele ponerse densa como carpincho rengo. Becerra y Carlini, sabuesos conocedores de la Sociedad Rural, de Coninagro, y de las Confederaciones Rurales y sus acólitos, deberán tener, a mi semimodesto entender (soy algo fanfa) cuidado, que hay vizcacheras.
    Renglón aparte para Barzola. A ése lo tengo entre ceja y ceja. Depilarme va a ser un problema.
    Saludos octogonales!!!

  13. Desalmado, decía el taiwanés, destornillador en mano. Los terratenientes no son los personajes favoritos ni de Becerra ni de Carlini ni del Gringo ni del pueblo en general. Pero pinta fiesta, empanadas y vino gratis y hete ahí que todos abandonarán sus casas para irse de joda.
    Mientras la parte semi de tu entender no se caiga en una semivizcachera, te espero por estos pagos para la próxima entrega!

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