La paranoia de Kovayashi

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Esta es una anécdota en partes: la 24a en la saga del Dr. Kovayashi.

A las 17:00 h, un dedo impertinente sobre el timbre pudo más que la calma espiritual que el Doctor había alcanzado en cincuenta minutos de lectura en el sofá. Descalzo para no meter ruido caminó hasta un punto en el escritorio desde el cual podía observar (sin ser descubierto) el porch de la puerta de calle reflejado en una serie de espejos que él mismo había colocado estratégicamente. Si hubieran sido los evangelistas de siempre se los habría sacado de encima con un par de puteadas, pero esa vez se trataba una pareja de oficiales de la Federal, con sus uniformes azules, machetes, pistolas reglamentarias y patrullero. “¿¿La cana??”, se preguntó. El timbre sonó dos, tres, cuatro veces. No había otra alternativa más que abrirles y colaborar con ellos como cualquier buen ciudadano.

Durante los quince días que siguieron a la batahola, el barrio vivió una calma digna de otros tiempos. La primavera había asegurado el verde y el olvido, los chingolitos iban y venían entre el asfalto y las ramas, y como el tránsito era escaso, el eco de su canto tardaba en evanescerse. Así como en las siestas provincianas, el barrio disfrutaba de una mansedumbre en la que todo parecía ocupar pacíficamente su lugar, aun las fajas de clausura alrededor de la casa de Rómulo.

_ “¿Kovayashi?” preguntó el policía viejo antes de pasar al living. El segundo, más joven y parco, apenas levantó las cejas.

El Doctor había retomado su trabajo en la Facultad, donde pasaba horas y horas encerrado su oficina. Había colgado en su puerta un cartel que recomendaba “Antes, piénselo”. No era garantía de soledad per se, pero al menos le permitía concentrarse por lapsos interesantes en la marcha de sus experimentos, en la corrección de tesis, en la evaluación de proyectos y manuscritos, en dribblear las mesas de examen de fin de año y en leer los cientos de miles de emails atrasados. De esta manera, los días se le escapaban uno tras otro como bolitas de mercurio entre los dedos. Llegó a trabajar más de 14 horas por día, desde la madrugada hasta la noche, y esa alienación le había fortalecido un poco su alicaída entereza. Si bien el recuerdo de los hechos que desembocaron en la muerte de Scalisi parecía estar definitivamente soterrado en su cerebro, no era ni por asomo el caso de la trágica muerte de su vecina ni el de la imagen de Rómulo en el piso, que se le aparecía una y otra vez como un alma en pena. “Tal vez tendría que haber hecho algo más por ellos”, se reprochaba a menudo, y cuando sentía que la culpa le dolía como un martillazo en el esternón, encontraba alivio y justificación al pensar que W. “bien podía haberse tomado la pastillita y dejado de romperle las pelotas a medio mundo.”

_ “Esos dos eran escoria. El loco de la ballesta nos evitó el trabajo sucio, pero estamos seguros de que no actuaba solo. Mató a la mujer, que únicamente tenía un cuchillo. El masculino occiso portaba un 38 con el cargador lleno. No llegó a disparar; alguien le cortó el cuello con un arma muy filosa. Todavía no encontramos ni a la segunda persona ni al arma, pero estamos en la pista. Es cuestión de tiempo…”

En rigor de verdad, ciertos giros de su personalidad y de su humor habían experimentado cambios muy notables. El contacto con otras personas le generaba una ansiedad urticante, su rostro ya no admitía más sonrisas, y sus respuestas sabían agrias como un trago de leche fermentada. Resignados a prescindir de sus consejos, sus tesistas de posgrado lo maldecían por lo bajo en los pasillos; ignoraban, por el contrario, cuánto desprecio sentía Kovayashi por ellos. “Vayan a tomar la teta, idiotas, y no vuelvan hasta que no le hayan tajeado el gañote a algún pobre tipo, hasta que no sean asesinos y la culpa los carcoma como a Raskolnikov… o hasta que no puedan resistir no volver a hacerlo.” Así pensaba el Doctor mientras respondía mecánicamente sus emails.

_ “Su detención es prioridad porque representa una amenaza. Creemos bastante probable que vuelva a atacar”, afirmó el segundo oficial, que había callado hasta ese momento. Kovayashi indujo que su rol no era hablar. Había observado cada palmo del living como buscando algo cuya forma desconocía.

La nueva personalidad le brindaba a Kovayashi un escudo tras el cual proteger su terrible secreto. Era muy selectivo en cuanto a quiénes le permitía ver algunas de sus facetas (las más intrascendentes) y guardaba para sí los sentimientos más profundos. No faltaban en su entorno inmediato quienes se preocupaban genuinamente por su salud mental, pero sus preguntas, muchas veces insistentes, no tenían otro efecto más que agudizar su desconfianza en la gente. Hubiera querido ser religioso para descargar en algún dios su congoja, pero había llegado muy tarde al reparto de fe. En los últimos meses había aprendido las bondades de la negación y la desconfianza, y había logrado practicarlas de una manera tan apasionada y salvaje que sentía un inmenso orgullo de sí mismo. “Si esto era ser paranoico, entonces psicólogos, psiquiatras y psicochantas: váyanse a cagar… ¡todos juntos!”

_ “Ya sabe, Doctor, cualquier cosa que vea o escuche, por más insignificante que le parezca, nos avisa. Olvídese del 911, llame acá… Subcomisario Sosa.” El oficial verborrágico dejó sobre el sillón un volante impreso con los nombres, cargos y teléfonos de la seccional. Presto, Kovayashi los escoltó hasta el patrullero y permaneció en el cordón hasta que doblaron por Tres Sargentos y desaparecieron. Recién en ese instante pudo relajar los hombros. ¿Lo habrían notado los canas? En ocasiones podían ser muy perspicaces. Luego miró hacia la ventana de Scalisi y le bastó con ver allí a los nuevos vecinos para saber que lo habían estado espiando; los estúpidos pretendían disimular agitando las manos como si despidieran a un tren en el andén. ¿Cuánto habrían visto esos dos?

El grado de paranoia de Kovayashi era superlativo, y hasta cierto punto era comprensible que determinados sucesos, como la visita de los policías, sirvieran de combustible para el motor de sus delirios. ¿Qué significaba este repentino interés de la cana en un caso que ya estaba cerrado? ¿Por qué sólo habían hablado con él? ¿Qué buscaba con tanto afán aquel oficial? Asimismo, la presencia de Feather y Teller en la ventana de enfrente lo intranquilizaba… ¿Qué tenían que andar espiándolo? Descubrió que sospechaba de ellos y que le caían particularmente mal, aunque aún les debía una visita de cortesía como flamantes integrantes de ese loquero en el que se había convertido el barrio.

Esa noche, el Dr. Kovayashi se despertó sobresaltado exactamente a las 3:47 AM. Rómulo se le había aparecido en los sueños, llamándolo con un ademán de manos. “Mañana iré a verlo al hospital”, dijo para sí en la cocina mientras bebía un vaso de leche, cinco minutos antes de regresar a la cama y treinta antes de dormirse profundamente.

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18 comentarios en “La paranoia de Kovayashi

  1. Hola! Muchas gracias por leer y comentar, y me pone contento que te agrade la historia. El libro…. la verdad es que hace años que estoy en eso. Le falta poco, pero cuesta mucho tener el tiempo para cerrarlo. Demasiadas obligaciones laborales, la familia, todo… Actualmente anda en 50.000 palabras, calculo que terminará en 55.000. Ya está separado en capítulos y todo. Aún no tiene título. En fin, quizás las vacaciones me den el tiempo necesario. Gracias de nuevo!

  2. Kovayashi tiene un doble fondo por una parte aconseja que prueben las virtudes del crimen y el arrepentimeinto Y por otra se preocupa por Rómulo
    Sin embargo dado lo intrincado del asunto una lo comprende. No sé si es paranoia pero yo no me fiaria un pelo de ninguno de aquel barrio
    Salut
    Tendrías que haber escrito “Antes de leer, piénselo” porque quedarás enganchado a la historia.

  3. Es verdad, me estoy volviendo un poco loco para ponerme de ambos lados al escribir. Es toda una experiencia, y eso que todavía no me llegó el Fedex con mi estrella ninja jejeje…

    ¿¿Que Kovayashi se cruce con los sueños de Emma?? ¿Usarlo contra Juan? Es muy arriesgado.

    Saludos, gracias por leer y comentar!

  4. El cartelito pasó como por 8 versiones antes de quedar en la publicada (y aún puede cambiar). Ando indeciso…

    Sipi, Kovayashi está atravesando un período malo por más que se recluya en su trabajo. La culpa le está ablandando el espíritu, pero está en el baile y tiene que bailar. La cuestión es que, por lo que sabemos que piensa, es capaz de volver a matar. Yo, personalmente, no creo que se anime, y menos después de la visita de los polis; lo mejor es que deje pasar el tiempo sin “levantar la perdiz”. A mí, lo que más me preocupa es su paranoia y su carácter. Yo sé de sus miedos y arrebatos…
    En cuanto al barrio, 100% de acuerdo. Son gentes con distintos perfiles. Rómulo y la finada W. eran (bah, él aún vive) personas grises, básicamente meteretas, chusmas, sin demasiados intereses. Scalisi, mucho peor (además de demente). Heriberto y Ferdibaldo hasta el momento no mostraron más que un ápice de solidaridad y una buena dosis de chusmerío. Jorgito, el diarero,… flor de porquería humana (y ojo que sigue estando allí, eh?). En fin, veremos cómo sigue esto. Saludos y muchas gracias por el comentario!!!!

  5. Mar

    Estoy por adoptar el cartelito. Me encantó. No me lo esperaba culposo al Dr. Yo creo que él quiere ir al hospital porque no puede contener su ansiedad por saber cómo está Rómulo y cómo llegó allí. Aquí estamos espiándolo nosotros también.

  6. El Doctor lleva adentro el pesar por haber achurado al chorro. Y si bien eso era lo que quería, lo que había planeado y lo que tan bien realizó junto a Scalisi, con el paso del tiempo se le fue tornando cada vez más heavy aguantar la impunidad. Por eso piensa en Raskolnikov (lo mío no es muy innovador, está a la vista). Tal vez quiera saber cómo está Rómulo, o tal vez quiera aniquilarlo porque a la mañana siguiente a la muerte de Scalisi le comió el desayuno. Recordemos que Kovayashi es, de alguna manera, un “rencorator”. También es cierto que en probable que le interese saber las razones de la batahola, quién era ese fantoche que lo había lastimado y quiénes eran el de la bolsa de humo y el anticuario. O no, no se sabe…. No se sabe.

    Gracias por estar allí!!!!!

  7. Bravo, genial como se van incorporando personajes ala historia y la estructura que armaste los puede soportar a todos sin resquebrajarse. Muy buena la vuelta del Dr., a quien imagino muy parecido al Lee Van Cleef de Maestro Ninja, pero con pelo más cortito.
    Salú!

  8. Me encantaría incorporar todavía más, pero a esta altura del año no doy abasto ni con el propio Doctor. Estoy cansado y quiero cerrar 2010 (esto incluye enero 2011) e irme de vacaciones en paz para pensar nuevas alternativas, personajes e historias para el año que viene.

    Creo que te lo imaginás bastante bien a K. (es parecido a mi propia visión del personaje), aunque si lo conocieras en la realidad, nada que ver.

    Heriberto Feather y Ferdibaldo Teller están agazapados aún :-)

    Saluti

  9. Sergio Mauri

    Según una antiquísima teoría, basada en un haiku del siglo XIV, es preciso cortar sin más todo dedo acusador y/o impertinente. En caso que el dedo pertenezca a la Federal, estamos en el horno.
    Es indudable que Kovayashi, necesitado como está de reponer fuerzas, camina al borde del colapso. Los hechos acaecidos así lo consignan. Y, obviamente, la visita de una par de azules no colabora en absoluto. Si a eso se le suma que en su trabajo como catedrático debe entremezclase con gente del común, el tipo es candidato a un ACV o, como mínimo, a un peligroso aumento en sus niveles de colesterolemia.
    El hombre, necesitado de ocultar sus mas temibles facetas, hace bien en resguardarse dentro del trabajo y la soledad. Andá a saber.
    Mención aparte merece el dúo recientemente aparecido, que ocupa la casa de Scalisi. En ese rioba cunde la chusma de la mas baja ralea. No como en Villa Ortúzar, donde los vecinos huelen a crisantemos, salvo en verano, cuando… !!Alto ahí, blasfemo!! El autocontrol es la herramienta primordial de los grandes de espíritu.
    A ver que sale de la visita a Rómulo.
    Ciao.

  10. Sergei Piscolabienov. Siempre es recomendable evitar que el largo dedo proctológico de la federal haga centro en nosotros. Esa visita no lo ayuda a salir del pozo a K., es cierto. No se entiende muy bien por qué sólo lo visitaron a él. Podrían haber ido a lo de Heriberto y Ferdibaldo ya que eran nuevos en el barrio y, por ende, desconocidos y más sospechosos que el Doctor, prohombre del vecindario. Yo creo que las fuerzas de Kovayashi están más o menos bien. Lo que no anda ok es su estado de ánimo. Recién ahora le está cayendo la ficha de que achuró a un pobre infeliz (encima la cana sin saber que el asesino es él le agradece el laburo sucio). La culpa lo está corroyendo. ¿Y Cómo liberarse de ese sentimiento o de ese estado de ánimo? Bueno, los asesinatos son como los millones: lo que más cuesta es el primero.

    Conozco mucho Villa Ortúzar. Tan peligrosos como los días de verano son las noches en cualquier estación. Temprano por las mañana al menos dos veces vi personalmente charcos de sangre endurecida en las veredas. También vi hombres de traje bajar de Peugeots 505 con bagres resecos en en la mano, y gatos abiertos al medio llenos de gusanitos blancos.

    Como ya dije por ahí, Feather y Teller aún están agazapados. Yo me pregunto: ¿le comprarán el diario a Jorgito? jejeje

    Abrazo grande, cuídese

  11. Paranoia aparte, el doctor tiene buenas razones para sentirse intrigado por la visita de estos oficiales y camino quien sabe adonde. Los nuevos vecinos, son además, un nuevo punto de interés del doctor, entre curiosidad y amenaza. veremos … saludos

  12. Hola minicarver. Las visitas de los uniformados son siempre detestables, pero al tratarse del Dr. K., que eliminó a una persona y su crimen sigue impune, la sensación de sospecha permanente, de persecuta, de paranoia, se torna entendible y justificable. Además, él sabe que Jorgito sabe. Si fuera un hampón no dudaría en asesinar al diarero. Pero es un docente-investigador, un profesional, un intelectual. Creo que nunca haría tal cosa. Y por eso también creo que está alerta aunque no lo haya manifestado.
    Feather y Teller son apenas un par de desconocidos que tratan de entrar en el elenco del barrio, pero equivocan el guión. Espiando al Dr. no llegarán muy lejos. De hecho, ya se han ganado su antipatía. No sé cuánto les importará eso. Como bien dices: “veremos”.
    Saludos!

  13. Un saludo breve y preciso al paso fugaz de mi comentario. No tengo tiempo ni para quejarme de que no tengo tiempo. Como tu, quiero cerrar el año con las cerraduras bien encajadas y empezar el 11 con “la intención” de reconvertir y reciclar montañas de cuartillas, cds, carpetas, archivos y textos en general.
    Te leo, menos de lo que nos gustaría a ambos pero más de lo que les gustaría a otros.
    Es más, me falta tiempo para leer a los demás, sumido en la burbuja de mi oscilante universo.
    Un abrazo
    PD Ya contarás donde vas de vacaciones mientras otros trabajamos.

  14. Eduard! Mil gracias por pasar por aquí y por dejar tu esperado comentario. Llega el fin de año y ni tiempo tengo de escribir nuevas cosas. Creo que hasta postergaré el balance del año para mediados de 2011 :)

    Entre que posteé este texto y hoy apenas pude escribir un párrafo. Esta noche tengo una hora en un bar cerca de casa. Quizás allí avance un poco. Escribir así, a los apurones, me cuesta más; las tramas se empobrecen y las oraciones salen raquíticas. En fin, es lo que hay. La cuestión es no detenerse.

    Yo tampoco estoy leyendo los blogs amigos como quisiera. Iré para atrás en enero, que por estos lados del planeta es un mes inservible.

    Abrazo!

  15. Concha Huerta

    Mas intriga. La culpa del asesino le esta incordiando la vida. Menos mal que aun tiene conciencia. Me gustaria saber como termina… Un saludo

  16. Hola Concha. Intriga, llama votiva de la literatura.

    En efecto, la culpa lo malhiere. Pero no hay que perder de vista que Kovayashi es un tipo instruido, preparado. Salvo en aquellos momentos en los que su estado de ánimo no le permite ver más allá de sus pupilas, es consciente de sus actos (actuales y pasados). Personalmente, creo que debería matar a alguien más como para alivianar su conciencia. Vendría a ser un remedio homeopático de potencia infinita. O como los soldadores, que cuando se queman un dedo lo curan bajo la misma llama del soplete.

    ¿Cómo terminará esto? Tengo la idea en la cabeza, lo que no estoy teniendo es tiempo para sentarme a escribir (@$%$&@@&& = maldiciones e insultos). El fin de año es cruel en este sentido, hay que cerrar cosas, muchas reuniones, muchos compromisos… Pese al calor y la humedad, enero será más divertido y febrero traerá las vacaciones. Antes de eso, el final de esta historia.

    Saludos, y muchas gracias por pasar por acá!

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