Idilio, corto idilio

Estándar

Esta es una anécdota en partes: la 5a en la saga de la Señora W. y también la 16a en la saga del Dr. Kovayashi.

Debieron el abrir de sus ojos a la agradable temperatura y a la quietud estanca del pasillo. No los circundaban ya ni la obstinación del granito ni el frío de la noche, y de no haber sido porque a duras penas recordaban lo acaecido en la montaña, no habrían maldecido únicamente el estar allí encerrados. Se preguntaban: ¿cuánto más durará el tratamiento? ¿Es en realidad necesario? ¿Por qué Daibushi nos evita? No tenían respuestas. Mientras tanto, dejaban que el tiempo transcurriera; estaban sentados en el piso, uno contra el otro, a la espera de que algo sucediera. La Señora W. rodeaba a Rómulo con sus brazos y él, de tanto en tanto, le retribuía con un beso en la mejilla. Creían necesario brindarse cariño, mas no comprendían por qué ni querían averiguar hasta cuándo les duraría ese verano.

El pequeño encorvado había permanecido siempre junto a ellos, pero disimulado en un cono de sombra. Por eso, la primera palabra que pronunció (Under, en inglés) cortó el aire con la precisión quirúrgica de un ala de golondrina. La pareja se puso de pie y escuchó con atención.

“Under the water it rumbled on,
Still louder and more dread:
It reached the ship, it split the bay;
The ship went down like lead.”

Luego, El que era el Cardo de Flores calló y una segunda voz, en cuyas inflexiones W. y Rómulo reconocieron a Micaela, atravesó el pasillo como un disparo de carabina. Provenía del extremo donde alguna vez habían visto flotar a Daibushi. “Querrás ser azotado mil veces en la giba, horrible criatura, antes que provocar la ira de mi padre. Cumple ya con tus obligaciones sin distraerte, o Él te devolverá al fango del cual te sacó.” La amenaza tuvo un efecto inmediato sobre El que era el Cardo de Flores, además de helarle la sangre a la pareja.

_ “¡Queremos hablar con Daibushi!”, gritó la Señora W. después de arrancarse coraje de las entrañas. Era consciente de que llevaban mucho tiempo sin dormir ni alimentarse. Seguramente era parte del tratamiento, pues no creía que su viejo amigo Alberto P. (o Daibushi, nombre que ella aborrecía) fuera capaz de semejante impiedad. Pero la respuesta no se materializó el palabras sino en una nueva rotación de ese pasillo mágico. El asombro había quitado las palabras de la boca de Rómulo (y más aun las ideas de su cabeza); al ver abierta la puerta del cuarto número 2, vacío de toda voluntad, simplemente se aventuró al interior. Tras de sí, los pasos de W. resonaron como un eco tranquilizador.

Por segunda vez habían ingresado a un cuarto oscurísimo. “Caminen, vamos, caminen, no se detengan. ¡Un, dos, un dos!”, los arengaba burlonamente El que era el Cardo de Flores. Y así lo hicieron Rómulo y W., mientras comenzaron a percibir que el cuarto estaba inundado y que sus ropas resumaban agua salada. Paso a paso se habían ido hundiendo hasta tener el agua al cuello. “Daibushi, mi Maestro, los espera más adelante… ¡y abajo!”, dijo el contrahecho justo en el instante en que la pareja se hundió en un abismo oceánico que no parecía tener fin. Rómulo y W. dejaron de escucharse, de hablarse, de tocarse, de alentarse. A merced de la correntada honda e invisible, solos ante la muerte, aguantaron la respiración cuanto les fue posible. “¡La puta que te parió, Daibushi!”, pensó Rómulo y, resignado, se dejó llevar.

En el fondo del mar, Daibushi, el que todo lo sabe, meneó la cabeza una vez más.

Publicar en DeliciousPublicar en FaceBookPublicar en Twitter
¡Comparte esta anécdota!
Anuncios

16 comentarios en “Idilio, corto idilio

  1. Lo que me desespera un poco es que mientras nosotros esperamos, en nuestra comodidad de simples lectores, ver hacia adónde va la historia, W. y Rómulo se las están viendo en figurillas. Más queremos avanzar, más desventuras para esa particular pareja. Ojalá esa buena señora llegue al final del tratamiento.
    Saludos!

  2. Hola Mar. Parece que nos resultará difícil determinar el límite entre el laberinto y el tratamiento. Daibushi oficia, de alguna manera, como un médico homeópata: hasta que encuentra nuestra medicación nos pasea por una serie de “cuartos” que nos plantean variadas situaciones y respuestas. Eso también es parte del tratamiento. En esta historia, W. sigue la vía mágica para curarse de las pesadillas y Daibushi es un médico un tanto perverso… je je.
    ¡Gracias por estar ahí!

  3. Me parece que por ahí va el tratamiento. Eso no quita que Daibushi sea un tanto déspota o, al menos, caprichoso. No quiere hablar con ellos, pero les hace sentir el rigor del tratamiento. Parece mentira que muy poco tiempo atrás la estaban pasando genial espiando al Dr. Kovayashi y al viejo Scalisi. Ahora esto parece un castigo…

    Es interesante lo que sugieres, Anne: otro tipo de terapia en la que W. se cure de sus pesdadillas mientras las sueña… Mmmm, ¡buena idea!
    Gracias por tu lectura y el jugoso comentario.

  4. Parece que la caida de Romulo acercó a la pareja a pesar de todo. Esta nueva puerta les pone un gran reto, ser capaces de respirar en un mundo hundido. ¿Será un espejismo húmedo o será una prueba letal? No sé, creo que al final va a tener que meditar esto de curarse de las pesadillas a costa de pesadillas.
    Salut

  5. Qué buena pregunta: espejismo húmedo o prueba letal. Yo, por mi parte, me sigo preguntando por qué Rómulo, que no tiene problemas con su sueño, tiene que “comerse” estas terapias horrorosas. No entiendo ese costado de la lógica de Daibushi. Por ahora, todo parece indicar que la pareja se ha acercado. ¿estará eso también previsto en el tratamiento?

    El tema este de la homeopatía vuelve sobre sí mismo a la luz de esta saga. “Lo similar cura lo similar”, aunque no sea tan estrictamente así, es lo mismo que “[…]curarse de las pesadillas a costa de pesadillas[…]”.

    Sin embargo, micromios, tu comentario contrasta con el de Anne, para quien W. está curándose de las pesadillas despierta.

    Veremos cómo termina esta etapa de la puerta 2, y cómo ha de seguir.

    Saludos y muchas gracias por tu comment!

  6. No puedo esperar al próximo para saber para dónde va todo esto. Lo único que lamento es tener que leerte en cuotas…pero la espera vale! Yo no llego a entender por qué Rómulo se banca todo eso! Saludos!

  7. Yo siento la misma ansiedad por escribir cada próxima entrega. Maldito el vil metal que nos ata al trabajo. Ojalá pudiera escribir más seguido, creéme que lo haría :(
    Te agradezco la paciente espera y saber que te gusta esta historia.
    Rómulo es un tema en sí mismo. Yo tampoco sé bien por qué se banca todo eso. Igual, hasta ahora apenas ha tenido una chance de rajarse y le fue mal. Están medio atrapados allí. Incluso, pienso que escaparse en alguno de los cuartos sería en extremo peligroso: yo en lugar de ellos saldría por la misma puerta que ingresé. ¿Y si queda perdido en otra dimensión, en ese “dominio de la magia” que mencionaba Daibushi? Medio que estamos obligados a creer que todo saldrá bien y que una vez terminado el tratamiento volverán a ser los vecinos meteretes de Kovayashi.
    Saludos!!

  8. Sergio Mauri

    Pensar una puteada equivale, según antiquísimos escritos hallados a seis cuadras de la estación Luis Guillón, a hundirse en un fango maloliente y putrefacto. Mas vale, según estos escritos bonaerenses inmemoriales, dejar que los insultos broten de nosotros con elástica y simétrica espontaneidad. Eso es, tal vez, lo que le hubiese convenido a Rómulo, ya que de cualquier modo, Daibushi, que todo lo sabe, eso, por lógica, también lo supo.
    Ese pasillo, con sus habitaciones múltiples y pletóricas de misterio dan una sensación de agobio, de malhadada soledad. Micaela, personaje por momentos funesto, es otro eslabón, tal vez de lujo, en la complejísima trama dibujada por Alberto P.
    Caramba.

  9. Hola Mauri. Claro, deduzco, entonces, que a Rómulo le habría venido bien pagar un grito y putearse un rato con el turro ese de Daibushi. Es verdad que Daibushi todo lo sabe, y que eso es mejor que que lo suponga, ya que ahí suele pifiarla y después los que pagan el pato son los pobres pacientes que sólo quieren curarse de sus pesadillas y afecciones varias.
    El pasillo agobia. Bien sé que Rómulo, mientras yacía de espaldas sobre la roca, evaluó la conveniencia de quedarse allí y dejarse morir (aún no había realizado los razonamientos de la siguiente entrega, “Un verdoso y cálido vórtice”) antes que tener que ingresar a todas y cada una de las innumerables puertas de ese corredor.
    A mí, Micaela me cabe tanto como un eslabón de lujo, un orbis o un universal.
    Abrazo postergado de viernes a la tarde.

  10. Sergio Mauri

    Es cierto que a Rómulo le faltaba hacer los razonamientos posteriores. Es evidente que en esta saga no hay que aflojar una tranca de pollo con poliomielitis.
    Micaela es una simple herramienta, en manos del vertiginoso Daibushi. Casi tanto como un Orbis Calorama con botonera, de los que vendía el diablo que decía “váyase al hombre”, pero mas útil, eso sí.
    Abrazo y cáspita!!

  11. Has llegado al meollo. El agua del vórtice no se había calentado por la luz verdosa y potente de Daibushi sino por un orbis calorama a botonera. Mientras Rómulo atravesaba ese misterioso hueco iba cantando

    “Agua caliente, volvé,
    que es invierno y hace frío;
    y me muero de resfrío
    por mi viejo calefón”

    .

    (Je, otra que Samuel Taylor Coleridge…)

  12. Sergio Mauri

    Ese Coleridge era medio tocate un charleston. Prefiero ese que dice “el agua cae, desbordada, de mi antiguo termotanque. Con este ofri, voy a necesitar quien me apalanque” o algo así.
    Daibushi guarda, tal vez, demasiados secretos. Inclusive el de cómo hacer que, aunque haya viento, no se apague el calefón.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s