A la luz de las tinieblas

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Esta es la 12a entrega de una anécdota en partes.

Encender una linterna o gatillar un calibre 38 son casi la misma cosa, y en ese sentido Kovayashi podía sentirse afortunado de no estar desangrándose en el piso. No, no era capaz de verlo, y mientras se hacía visera con la mano pensaba “la mierda, ¡qué fuerte es esa luz!”. Y esa voz masculina le sonó muy conocida, demasiado… tanto que no necesitó apartarse del cono de luz para verle la cara. En el brevísimo tiempo que le tomó carraspear, Kovayashi recompuso sus pensamientos y consiguió que los sucesos de la semana cobraran un nuevo sentido, diáfano como el aire de esa mañana y hasta, incluso, revelador. Con la garganta despejada, Kovayashi habló.

_ “Tendría que haber corrido al puesto apenas vi la notita, pero no me apiolé; fue la pastilla, seguro…”
_ “Igualmente lo habría negado”
, dijo la voz.
_ “Mi buen amigo invisible…”
_ “Elemental, doctor.”
_ “¿Podrías apagar esa maldita linterna de una vez por todas?”
Y Jorgito apretó el botón.

Para los dos hombres, el piso del viejo Scalisi recuperó su oscuridad sepulcral. De a poco, las cuatro pupilas se fueron dilatando, y en un momento la miserable claridad que se filtraba por los postigos del ventanal le alcanzó a Kovayashi para verse cara a cara con el diarero, tal como esperaba. Y de haber estado abierto el ventanal, ambos habrían visto a la Señora W. y a su marido Rómulo salir a la vereda y subir a un taxi. Pero no sucedió así.

Jorgito estaba de pie y mantenía un brazo estirado hacia Kovayashi. Una sonrisa muy ancha cruzaba su rostro vertical, en el que las piezas se combinaban armónicamente para componer su conocida expresión de vendedor macanudo. Si bien el doctor conocía aquella labia perseverante, en ese momento el silencio obstinado del diarero le estaba cediendo la iniciativa. En la mano de Jorgito había una franela prolijamente doblada; Kovayashi la tomó sin hesitar y se dio cuenta de que era la segunda vez en el día que debía sopesar algo. Su finísimo sentido del tacto le permitió saber de qué se trataba aun antes de desenvolver el objeto. Las cuatro puntas afiladas eran inequívocas. La suavidad del acero también. Jorgito le había devuelto su estrella ninja.

_ “Lo mínimo que puede hacer es comprarme el diario de por vida”, dijo Jorgito antes de soltar una carcajada imprudente. “Ahora, fuera de joda, gracias por limpiar el barrio. A esos chorros hay que matarlos a todos porque, si no, van en cana un día y salen al siguiente. La verdad, me alegro de que piense igual que yo.”
_ “En absoluto. No solamente pienso distinto, también pienso que sos un hijo de un vagón de remil putas. Me hiciste quedar como un pelotudo ante mí mismo.”
Kovayashi estaba exaltado. Apretaba y aflojaba nerviosamente la estrella con su diestra cual si fuera un esfínter descontrolado.
_ “Cálmese, yo únicamente le facilité ese datito que necesitaba. Bah, el datito y estar ahí esa noche. El resto lo hizo usted solo.”

Indignado, Kovayashi no tuvo más alternativa que aceptar que Jorgito tenía razón, y eso, tener que reconocer que su mente también era brillante, le quemaba las entrañas. A pocas horas de haberse convertido en asesino ya estaba evaluando cargarse su segunda víctima: por un instante imaginó a Jorgito con la estrella clavada en la frente y sonrió para sí. La ansiedad ya le había dejado cuatro tajos en la palma de la mano.

_ “No me gusta nada su mirada, doctor. Espero que no esté pensando cosas raras…”

Kovayashi apretó las mandíbulas y tomó aire.

_ “¿Por qué no se va unos días? Váyase afuera… Uruguay, Brasil… hasta que se calmen las aguas…”

Al ver el cariz que estaba tomando la situación, el doctor pivotó sobre sus talones, dio media vuelta y sin ni siquiera saludar al diarero abandonó el departamento y se dirigió a su casa tan velozmente como le fue posible.

Cinco minutos antes, el taxi que llevaba a la Señora W. y a Rómulo había arrancado con prisa para tomar Tres Sargentos y perderse en la lejanía.

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16 comentarios en “A la luz de las tinieblas

  1. Re grosso! Más allá de la historia, que está buenísima y no puedo dejar de leer, te envidio la conducta para poder llevar adelante esta “super anécdota” sin perder la constancia. Cuando sea grande quiero ser Kovayashi.

  2. MX, tu comment llegó a la velocidad de la luz en el vacío!! Gracias por leer. Eso de la constancia es muy difícil. En estos días de ausencia ya estaba notando un cierto achanchamiento. A veces hay que cortar la inercia forzando una publicación y ahí reenganchar el ritmo. Lástima que en el medio hay que laburar :-(
    Ya tengo pensadas muchísimas alternativas para la continuidad de esta súper-anécdota. Ahora estamos en un punto de inflexión, y es probable que en las entregas inmediatas resurjan Daibushi y Micaela, a quienes tengo abandonados casi desde el año pasado. Y para fines de primavera volverá Kovayashi al primer plano. Lo único que puedo adelantar es que no hay que perder de vista a la Señora W. y a su marido.
    Abrazo!

  3. Gracias micromios! Es raro, pero escribí esta entrega sin demasiada ilusión, más que nada por cortar con la inactividad. No corregí mucho, salió así. Cuando la releí, me gustó. Ahora creo que está buena. Qué se yo, me estoy replanteando si vale la pena darle tantas vueltas a todo.
    Una cosa que me queda clara del intrigante final es que o bien la Sra. W. tomó la pastillita que le indicara Kovayashi y tuvo que salir de urgencia al médico, o algo así, o directamente no la tomó. Como sea, su actitud no me gusta. Quiere estar despejada, y eso no es bueno. Además, desconfío de Rómulo. Nadie que se coma el desayuno del vecino puede ser trigo limpio.
    Saludos!

  4. Sergio Mauri

    Kovayashi está entrando en un cono de encono que no puede tener un final con panderetas, serpentinas y espantasuegras de color malva.
    Jorgito es candidato a conocer el otro barrio a la brevedad, aunque esta historia tiene mas vericuetos que una oreja del pibe de la revista Mad, ícono contracultural imperialista, así que no arriesguemos hipótesis que nos hagan quedar como pelotudos.
    Hacia dónde se dirigen la Señora W. y Rómulo? Qué oscuro destino los espera en la lejanía mas allá de Tres Sargentos?
    Oh, tiempo parcial que me acuchillas, inmisericorde!

  5. ¡Alfredo E. Newman! De chico era su fan, al igual que de Spy vs. Spy o de la sección Respuestas mordaces a preguntas idiotas. MAD era espectacular.
    Yendo a lo nuestro, Kovayashi, pese a todo, va a tranquilizarse. Tener la estrella le asegura la paz de saber que la cana no tendrá el arma homicida. La Sra. W. y Rómulo… Habrá que seguir leyendo ;-)
    Jorgito, por ahora, todo ok. Si bien dan ganas de matarlo, es un ícono del barrio. Es jodido hacer algo así y salir bien parado. de todas maneras, para el Dr. K. no hay imposibles, bien lo sabés. Pero no por ahora, creo. Más bien, a K lo veo llamándose a silencio, concentrándose en su trabajo, que tiene abandonado, pensando. Tampoco lo veo tocando la pandereta entre serpentinas.
    Gracias por leer, Maestro Sergei!!

  6. Sergio Mauri

    Alfredo E. Newman, así es. Spy vs. Spy mataban. Gran revista de neto corte anarcomarxista que iba contra todos los valores occidentales!!
    Es real que el arma homicida ya no puede caer en manos de la yuta, pero si no la suelta rápido, Kovayashi va a perder una mano, lo que, posiblemente, aunque para él nada es improbable, le dificulte sus futuras acciones.
    La Señora W. y Rómulo se están buscando una tunda rotunda. Si yo fuera ellos, andaría con espejito retrovisor.
    Jorgito no debería descuidarse, tampoco. Las gemas barriales perdieron brillo desde la caída del Pocho, en el ´55. Una calamidad nacional.
    Kovayashi se debe unas vacaciones pagas en algún hotel sindical, donde se morfa bien y abundante, aunque, justo es consignarlo, las sábanas son algo berretas.
    Yo tampoco lo veo en un carnaval carioca haciendo el trencito, pero bueno, si la mina de adelante está buena…
    Abrazos one thousand, Paul, capo!!!

  7. Todo tu comment puede andar, todo puede andar.
    Repito, Sergei, no les pierdas pisada a W y a Rómulo. Nada más.
    Kovayashi probablemente tenga en mente hacer algo con el arma, ojalá que sea en pos del bien común. El caso de Jorgito, como te decía, es complicado. Pero tiene tantos años de estar allí en el barrio que seguramente debe tener otros vecinos interesados en mandarlo a ver crecer los rabanitos desde abajo. Sobre todo, pienso esto ahora que ya sabemos cómo es en realidad.
    Más allá de eso, mi inquietud es saber cómo sigue todo esto ahora que K tiene consigo el arma homicida y que la Señora W. estará sedada por unos cuantos días, y Rómulo parece ser un cero a la izquierda. Y que Scalisi está finado y que Jorgito seguirá desparramando diarios sin el más mínimo remordimiento o ataque de culpa.
    Veremos, veremos, después lo sabremos!
    Abrazo.

  8. Que tal blopas, me encanta tu anecdotario, los personajes están bien llevados y casi puede uno imaginarse su apariencia física, además de que la historia es bastante atrapante, en fin, tiene lo que toda interesante historia debe tener. Un abrazo.

  9. Sergio Mauri

    Kovayashi sabe que el bien común es el bien mueble o inmueble. No hay otro. Que tenga el arma homicida es una ventaja. Veremos cómo la aprovecha. Que Scalisi haya pasado a mejor vida sin haberse ganado el Quini, no puede no tener innumerables ganancias. Ahora bien, el bulo era de él o alquilaba? La Señora W. siempre es un peligro. Y Rómulo, como todos los ceros a la izquierda, es un inútil, hasta que se pasan a la derecha.
    Jorgito, por ahora, la tiene clara. Lo que no quita que sea un turro.
    Hojaldre!!!

  10. Hola A.B. Gracias por pasar, leer y dejar tu comentario. Me alegra saber que te ha gustado. Esto del feedback casi instantáneo me resulta tan estimulante como “mágico”. Muchas veces uno espera sólo ‘ver’ un comentario. Un simple saludo a veces se transforma en una palmada en el hombro, la luz verde y el acelerador hacia un nuevo post. Ojalá vuelvas por acá seguido. Ahora te dejo, me voy a navegar ‘El viaje de las letras’ ;-)
    Saludos!

  11. Es verdad, el bien común es una entelequia. ¿Te parece que K querrá volver a usar la estrella? Yo creo que es más amigo de guardarla hasta que el doble asesinato de esos chorros esté completamente olvidado. Recién estaba pensando que habría que ver qué pasa con el bulo vacío, ya que a Scalisi no se le conocía familia. Sí, sí, era de él. ¿Aparecerán familiares lejanos para venderlo/alquilarlo? ¿Y si pintaran ocupas? :)
    Jorgito es un turro, efectivamente. Y se escuda en que todo el barrio lo quiere y lo respeta después de muchos años de ser canillita. No estaría mal que le surgiera un nuevo puesto de diarios a pocas cuadras. ¡Competencia!
    Abrazo, y a esperar las nuevas historias que se vienen!!

  12. Hola minicarver. El misterio que siempre trato de dejar colgado es lo que me lleva a escribir lo que sigue, ya que yo tampoco tengo muy claro adónde va la historia. Es decir, en el corto plazo, sí (1 ó 2 entregas), pero más allá de eso, ni idea. Saludos y gracias por pasar por aquí.

  13. Hola Claudia. Me da mucha alegría que te haya gustado y que me lo cuentes. Lo de los vericuetos por un lado es lo que le explicaba a minicarver hace un rato: apenas tengo en claro lo que vendrá en breve, y me guía ese misterio que le trato de darle a cada entrega. Por otro lado, es una forma ser mía, me cuesta mantener una sola línea…
    No, no, es al revés: muchas gracias a vos por leer y comentar!!
    Saludos.

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