Visitas indeseables

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Esta es la 10a entrega de una anécdota en partes.

Al alba, el aguacero sorprendió a la ciudad. Una lámina horizontal de agua limpió el aire en cuestión de minutos, y los colores revivieron una vez más. El barrio se engalanó con el verde de los líquenes sobre los muros y con el rojo de los semáforos y las rosas chinas; hasta el adoquinado gris parecía feliz en su dureza. Con suerte, pronto llegaría el sol y el nuevo día sería una fiesta. Así lo entendía Kovayashi, que desayunaba en la cocina mientras disfrutaba del canto de un zorzal en el jardín. No pudo evitar asociarlo a los cuervos imaginarios de Scalisi, y se rió con tantas ganas que por poco se le trabó la carretilla. El ejercicio nocturno le había abierto un apetito voraz y gozaba de un buen humor que no se correspondía con el de alguien que acababa de asesinar por primera vez en su vida.

La lluvia se convirtió en garúa y luego en aire húmedo. Justo entonces, varios golpes sacudieron la puerta de entrada. El ojo de pez no mentía: en el umbral estaban la Señora W. y Rómulo, su marido, quienes ingresaron a la casa atolondradamente y sin saludar. Ella no disimulaba la desesperación; en sus ojos irritados Kovayashi vio que había estado llorando.

_ “¡Se murió Scalisi! ¡Se murió Scalisi!”, gritaba la Señora W. en el living, tomándose la cabeza entre las manos y sin reparar en el apuro del doctor por ocultar el traje de ninja que había dejado sobre el sillón. La sacudida hizo que una cajita de cartón con inscripciones chinas se escapara de un bolsillo del traje. Al sopesarla, Kovayashi notó que estaba demasiado liviana. “¡Está vacía!”, gritó en silencio y empalideció como si su alma se hubiera descarnado. En la vorágine del asesinato había olvidado desclavar del cuello del muchacho la estrella ninja que le enviara Wang. Kovayashi supo que su error lo pondría entre rejas por el resto de sus días.
_ “¿¡Cómo!? Si ayer estaba más fuerte que un roble…” preguntó el doctor, tratando de disimular.
_ “No lo sé, no lo sé… Esto es terrible, doctor. Esta mañana temprano escuchamos el revuelo enfrente. Había una ambulancia y un patrullero…”
_ “¿Policías?”, interrumpió Kovayashi, menos sorprendido por la muerte del viejo que por saber quién (¿un testigo?) había llamado con tanta celeridad al 911. Si su “amigo invisible” había vuelto a la carga, no lo estaba ayudando en nada al llamar a la policía. Kovayashi hubiera preferido que los vecinos descubrieran a Scalisi cuando su cuerpo se descompusiera.
_ “Sí. Rómulo y yo hablamos más temprano con un oficial. Scalisi murió de un ataque, en su cama. Tenía una ballesta en la mano y la ropa manchada de sangre… ¡una ballesta! Pero eso no es lo peor: nos dijo el policía que anoche aparecieron dos cadáveres en Tres Sargentos y Roca. Uno estaba degollado, y el otro… ay, doctor de sólo pensarlo me dan vahídos… ¡¡el otro tenía una flecha de ballesta clavada en el pecho!! Horrible, horrible. ¿Se da cuenta? Anoche el viejo se volvió loco y salió a matar gente. Esos dos podíamos haber sido nosotros o usted. No lo puedo creer, y no sé qué vamos a hacer…”
_ “Usted no va a hacer nada”, dijo Kovayashi con sequedad. “Se va a ir derechito a su casa con Rómulo y se va a quedar allí. No es conveniente molestar a los policías. Tómese este calmante, descansará como un angelito.” Kovayashi le dio la misma pastilla que lo había puesto en coma. Con la Señora W. neutralizada químicamente, podría pensar alguna estrategia para preservar su libertad y buen nombre.
_ “Gracias, doctor; acá el único ángel es usted.”, dijo W. mientras miraba de reojo el tablón de pino Paraná que Kovayashi había usado de blanco para su estrella ninja. De inmediato, la Señora W. y Rómulo, que aprovechando el alboroto había dado cuenta del desayuno del doctor, regresaron a su casa.

Dos horas después, Kovayashi cruzó la calle rumbo al departamento del finado Scalisi.

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10 comentarios en “Visitas indeseables

  1. Sergio Mauri

    No puede ser bueno que Scalisi muera. Era casi un baluarte en la venganza emprendida por Kovayashi.
    La Señora W. y Rómulo, siempre inoportunos. Y encima le liquidaron el desayuno al Dr.
    Este relato tiene mas virajes que la pista de Monza!!

  2. Virajes extraños, sí. Scalisi venía mal, y no era por haberse clavado una paloma. No podía más con su alma, el pobre. Kovayashi, como habrás leído, no se ha hecho demasiado problema por su muerte. La venganza contra aquellos que lo habían fajado ya se consumó y ahora el dr. tiene nuevos problemas para solucionar. Necesita calma para pensar. Por eso también es que la dopó a W. Y Rómulo es un cero a la izquierda, o al menos eso parece. ¡Saludos!

  3. Me ha gustado mucho en tu texto la calma, muy bien descrita a través del paisaje, que envuelve Kovayaski mientras desayuna, interrumpida por los imaginarios cuervos de un Scalisi convertido en cadáver.
    Un saludo,

  4. Pobre Scalisi.
    La calma inicial se transformó en zafarrancho. Espero que la señora W no meta la nariz y atraiga a la poli. Kovayaski no debe ser tan descuidado.
    Salut
    No sé por qué siempre leo Scali-¿será por Scully de Xfiles??.

  5. ¡Qué buenos los Xfiles!
    Era una falsa calma que existía solamente en la cabeza de K. Fuera de su casa, las cosas se estaban poniendo feas (al revés que el tiempo). Kovayashi es una luminaria en las ciencias, pero su ego muchas veces ya le ha jugado malas pasadas. Y la verdad es que siempre se le escapan detalles. En este caso, nada menos que dejar el arma homicida en la escena del crimen. Debemos suponer que si él desesperó es porque no usaba guantes y la estrella tiene sus huellas dactilares. Lo que no tengo idea es para qué quiere ir a la casa de Scalisi.

    En cuanto a la Sra. W., espero lo mismo. Aunque no tiene el tipo de andar llamando a los policías. Ya habló con ellos, se mostró, listo. Creo que K ha hecho bien en ponerle límites y mandarla a su casa. No creo que vuelva a entrometerse; no obstante, no olvidemos que ella estuvo demasiado pendiente de ese raro golpeteo en lo de K, y que al irse de su casa le clavó la vista al tablón que K había usado para practicar lanzamiento de estrella ninja.

    Muchas gracias por leer, micromios, y por tu comment!!

  6. Esa calma era imaginaria. Kovayashi necesitaba disfrutar su victoria con cierta tranquilidad, pero haberse olvidado la estrella ninja clavada en el cuello del malviviente ha sido un gravísimo error. Con Scalisi muerto, K tiene un problema menos para preocuparse porque, en realidad, no podía estar seguro de que el viejo de repente revelara lo que había pasado esa noche y terminaran los dos presos. ¿Tendría Kovayashi pensado algún plan para Scalisi? Tal vez por eso es que está cruzando la calle hacia su departamento, una movida arriesgada sin dudas.
    A Scalisi, asesino novel, los cuervos imaginarios lo deben haber escoltado hasta el trono de Lucifer.
    ¡Saludos!

  7. Sergio Mauri

    La tranquilidad es peligrosa para un hombre de la estatura moral y/o intelectual de Kovayashi. Esa estrella ninja, fue un error que puede atraer sobre él consecuencias de gravísima significación.
    El destino del Dr. es sombrío, por momentos. De todos modos hizo bien en noquear a W.
    La muerte de Scalisi abre nuevos e infinitos interrogantes.

  8. Coincido, aunque también se entiende que K necesitara un momento de paz para bajar las revoluciones. La calma prolongada es inactividad, y eso es algo que, en condiciones normales, nunca le sucedería al doctor. Su estado natural es la hiperactividad física y mental. Lo de la estrella es lamentable, tanto como que la policía ya esté investigando el caso. Si tienen la estrella, lo tendrán a él tarde o temprano, a menos que haga algo…

    A mi criterio, lo de W. es una jugarreta de alguien a quien le gusta hacer uso del poder. Él sabe que lo que le diga a W. será palabra santa. Ella le obedecerá, se tomará la pastillita y dormirá como un tronco. No creo que K se la haya prescripto (más allá de que no es médico) por su salud. El tema es que no debe querer que la mujer esa se le siga apareciendo en su casa. Al menos durante unas cuantas horas. Necesita pensar sin que nada lo distraiga.

    En cuanto al destino de Kovayashi, es incierto. Sí, coincido también. Le lleva unas cuantas horas de ventaja a la policía. Eso es bueno. Creo que tal vez quiera pensar la mejor manera de capitalizarlas.

    La muerte de Scalisi no deja de ser un alivio. Además, pensá que el viejo le fue útil a K pero también lo tenía seco con el tema de los llamados nocturnos y el control de entradas y salidas. De no haber existido esa golpiza a su retorno de China, probablemente habría terminado dándole su merecido a semejante fisgón.

    Abrazo!!!

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