Nada tan bueno como un buen plan

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Esta es la 5a entrega de una anécdota en partes.

Alrededor de las 18:00, Kovayashi se puso de pie nuevamente. Se sentía de maravillas, bien dispuesto y de buen humor. Dedujo, no sin sorpresa, que debía de ser miércoles por la tarde ya que un sol anaranjado entraba por la ventana del frente, y que debajo la puerta había cuatro periódicos atorados. Recién al agacharse recordó las patadas que había recibido, y por un instante cruzó frente a sus ojos la cara desagradable de la gorda de pelo amarillo que le quitara la billetera y las otras cosas. Si algo caracterizaba al doctor era la memoria fotográfica, y por eso esbozó una sonrisa de satisfacción, porque sabía que tarde o temprano la reconocería por la calle y ése sería su turno de mover las fichas.

Había dos cosas que reclamaban su atención inmediata. Antes que nada debía alimentarse e hidratarse para recuperar las fuerzas perdidas en tantas horas de ayuno absoluto. En la heladera conservaba una porción de pastel de carne, y eso fue lo que comió, además de calmar su sed con una botella entera de jugo de naranja. Poco a poco, su cuerpo fue recobrando la memoria de cómo dar pasos firmes, levantar pesos, abrir puertas, sentarse y volverse a parar, ir al baño. Sólo después de que hubo confirmado su autosuficiencia resolvió comenzar sus actividades intelectuales.

Los diarios del fin de semana pasaron sin más por sus manos. Si bien buscaba algo en particular, ninguna nota logró capturar su interés. Leer las noticias en papel era un relicto de épocas antiguas; ya lo había razonado en muchas ocasiones: convenía leerlas directamente de la pantalla de la computadora. Su problema era más que nada de conciencia: después de dos décadas de comprarle el diario a Jorgito, le parecía una canallada ir hasta el puesto y cancelar la suscripción. Tal vez el mes entrante o el otro. O nunca.

Al llegar a la cuarta página del diario del lunes, Kovayashi dio un grito de satisfacción y se reconcentró en la lectura de una noticia que llevaba por título “Se entregaron los Premios Houssay 2009”. Sí, él había estado allí, en el selecto grupo de los premiados. Al terminar de leer sintió un escozor por lo recargado de la adjetivación. Por suerte, el periodista había respetado el estilo científico a la hora de contarle al gran público su tema de investigación, y eso era lo más importante. Como cuando era niño y coleccionaba los comentarios sobre su equipo de fútbol favorito, Kovayashi recortó cuidadosamente la noticia, escribió la fecha y el nombre del diario en el margen y la guardó dentro de una caja de zapatos en el placard de su habitación.

El periódico no había vuelto a tocar el tema ni en la edición del martes ni en la del miércoles. De todas maneras, y más allá de la importancia del premio en sí, su nombre había salido publicado, y por unos días sería una persona relativamente famosa, al menos en su propio barrio. El contestador estaba lleno de llamadas que ni siquiera había oído, lo cual confirmaba que desde la madrugada del sábado había estado más cerca del coma que del sueño.

De vuelta en su escritorio notó que un rayo de sol iluminaba una hojita de papel en el piso. Evidentemente se había deslizado desde el interior de uno de los periódicos. Movido por la intriga, Kovayashi la tomó entre sus dedos, la leyó y la releyó. Era una nota para él, anónima, manuscrita, con pocas palabras. La caligrafía, probablemente disimulada con la otra mano, le resultó irreconocible. Al principio, su rostro mostraba cierta tensión, aunque después de razonar unos minutos y arrojarla al cesto de los papeles, una amplia sonrisa cruzaba su cara de oreja a oreja.

Alguien lo estaba ayudando, y él ya tenía un plan.

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6 comentarios en “Nada tan bueno como un buen plan

  1. Hola Marina. Ni siquiera Kovayashi lo sabe (aunque yo sospecho que él lo sospecha). Lo importante por ahora es que él esté bien y se prepare física y mentalmente para lo que viene. ¡Gracias por estar allí!

  2. Sergio Mauri

    Este Kovayashi anda tras algo que tal vez no entre en la imaginación de un seguidor de sus andanzas cualquiera. Es probable que debamos ampliar nuestros horizontes perceptivos.
    Hay demasiadas sospechas acumuladas, me parece.

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