Oniromacia

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Esta es una anécdota en partes.

Es la 1a en la saga de la Señora W.:
… | No dormirás >

En cierta ocasión estaba Daibushi charlando con una vieja amiga, la Señora W., a quien cierta circunstancia fuera de su control la había puesto al borde del ataque de estrés. Después de semanas sin poder dormir, su médico la convenció de las bondades de los sedantes, y ella, que nunca había ingerido esa clase de drogas, no tuvo más que rendirse ante las evidencias. Sin embargo, las pastillas también provocaban en la Señora W. un efecto colateral lamentable: unos sueños alterados que lindaban con las pesadillas. O peor aun, con las alucinaciones.

Así fue que la Señora W., a sabiendas de los cambios que había atravesado Daibushi en los últimos tiempos, refirió a éste sus dos últimas pesadillas. Por su parte, Daibushi, que odiaba ese tipo de situaciones, terminó prestándose al juego en señal de respeto a los años de amistad con la Señora W.

_ “En el primer sueño, yo aparezco de pie en el medio de una laguna inmensa, tan grande que no podía reconocer ninguna orilla. El agua me llegaba a las caderas. Hacía días que estaba allí parada, y como, obviamente, no podía sentarme, los pies me dolían cada vez más. Pero en un instante me descuidé, y el cansancio me hizo dormitar; mis ojos se cerraron por un breve lapso (o eso me pareció). Al volver a abrirlos, el agua había desaparecido. Todo estaba seco. Miré mis pies y me di cuenta de que no estaba parada sobre un fondo de arena o de barro, sino sobre millones de esqueletos humanos. De la impresión, dí un alarido con el que el sueño terminó.”

_ “El segundo sueño es más raro todavía. Soñé que un perro gigante me llevaba a la rastra, bajando las escaleras de un subterráneo. En el arrastre, lo primero que pensé fue “espero que me dejen viajar con semejante perrazo…” A mitad de camino en mi descenso, en un determinado momento noté que el perro había empezado a transformarse, a mutar. En minutos se había momificado, a tal punto que la piel parecía habérsele resecado por completo. Rasgué con mis uñas esa especie de pergamino que llevaba por piel, se la arranqué a jirones, y debajo del cuero encontré un gato momificado. El gato era Bastet, la diosa con cabeza de gato, protectora espiritual del faraón. Como usted sabrá, Alberto, Bastet es la madre de Anubis… Estoy muy confundida, Alberto. Necesito dormir, pero tengo pavor de soñar. ¿Qué opina usted de estos dos sueños?”

Daibushi había escuchado atentamente el relato y estaba preparado para darle a la Señora W. una respuesta que ella nunca olvidaría.

_ “La parca se ha anunciado. Su presencia es inminente.”

_ “¡Ay, Alberto! Usted me da mucho miedo. ¿Insinúa que me estoy por morir?”

_ “No lo sé, W., esas son cosas del azar o, en última instancia, de Dios.

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8 comentarios en “Oniromacia

  1. Sergio Mauri

    Es evidente que mi anterior comentario quedó trunco. Debo abandonar viejos hábitos, com el de no ter las fras.
    La Señora W. no aclara qué laguna era en la que se hallaba en su primer pesadilla. No es igual Lobos que Chascomús. En los sueños, por algún motivo extraño, uno nunca sabe dónde está, pero lo sabe.
    El perrazo, de que raza era? No me gustaría encontrarme con Anubis.
    Salute.

  2. Desconozco la raza del perro. De todas maneras, no creo que tenga importancia. Era un perro lo suficientemente grande como albergar a Bastet. De la misma manera, si la Señora W. sospecha el nombre de la laguna, nunca lo dijo. Bien podía haber sido también un mar calmo. En la anécdota no lo menciona, pero esa semana ella había estado leyendo a Lovecraft, y eso se paga caro.
    ¡Salud, Mauri!

  3. Sergio Mauri

    Leer a Lovecraft tiene sus consecuencias, sobretodo, o gabardina, si llueve, leerlo en la catrera justo antes del reparador apoliyo.
    En otro orden de cosas, Dios, azar, azahar, Baltasar, todo es nada y nada es todo, en consecuencia.
    Y otras muchas cosas que caben en la cabeza de un alfiler.

  4. Lovecraft es un camino de ida, y antes del reparador apoliyo es el momento de gestación de interesantes (y aterradoras) pesadillas. El Necronomicón tuvo que ver mucho con El regreso de Smorthian. “At the mountains of madness” es una guía espiritual, al igual que Dagon, con su terror sutil.
    En el pueblo de Hortensia falleció en 2008 alguien que conoció a un preso de Olmos que grabó el Martín Fierro en la cabeza de un alfiler. Y también esté el caso de mi compadre Heriberto F., quien le dijo a su mujer un día que llegó medio cruzado del laburo: “Pero vos… ¿qué tenés en la cabeza?”.
    Y así.

  5. Hola Jennifer, me alegro de que te animes a dejar tu comentario. Las aventuras del Mago Daibushi siguen por ahí. Estás invitada a recorrerlas. Muchas gracias!

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