El río genuflexo

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No es que el Río de la Plata sea tan chato como dicen. Tengo la impresión de que siempre está echado o, al menos, arrodillado como en un reclinatorio cuyo frente mira hacia Buenos Aires. Es su aspecto el que me hace pensar. La seguidilla de días nublados que nos azota bien podría ser un castigo del cielo, y este río tan sobrio y circunspecto, tan católico, nos muestra un tímido marroncito cual reflejo desteñido de la poca luz que cae de las nubes. Como falto de cierta rebeldía, se aplana hasta esconder cualquier ola, cualquier ondulación que resulte irrespetuosa. Hoy (como no podría ser de otra manera) los barcos pasan rapidísimo. Cuán bueno sería que, de repente, alguna ola se escapara del lecho, regara la selva, lavara los coches del puerto y nos mojara desfachatadamente el pelo. Una, sólo una alcanzaría. Pero, ya lo sabemos, eso no ocurrirá.

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4 comentarios en “El río genuflexo

  1. Hola Blopas!
    Por fin he tenido un poco de tiempo para darme una pequeña vuelta por estos lados. Felicitaciones por las anécdotas, de pronto la vida da tantas situaciones que, si se escribiesen, serían aún más fantásticas que la ficción.
    Te escribo en este post porque me ha recordado a mi río Elqui, en La Serena.. río que uno piensa que no alcanzará a llegar al mar y de alguna forma que desconocemos, lo logra.
    saludos!

  2. Hola Nicolás. Juro por la luz que me alumbra que nunca había visto tu comentario, lo cual no es excusa de la barbaridad de no haberte contestado desde 2009!! Un espanto…

    Me alegro que te haya gustado este post. El blog tomó otros rumbos después, por los que estos textos quedaron medio “enterrados-olvidados”. En esa época yo miraba mucho el Río de la Plata desde mi oficina. Hay una serie de minirelatos con ese tag. Ahora los estoy volviendo a reflotar a través de Twitter y Facebook.

    Un abrazo en el tiempo, y ojalá regreses por aquí.

  3. Sergio Mauri

    Mirándolo bien, algo de depresivo tiene ese río. Salvo cuando hay sudestada, donde parece desperezarse de tanta modorra, no?

  4. Toda la razón para Ud. Esa serie de textos estuvo escrita con ese espíritu (mío). Me estaban por rajar mal de un laburo, estaba al cuete pero debía seguir yendo. Mi oficina, altísima, frente a Puerto Madero, daba al río. Al menos podía escribir.
    Abrazo, Mauri!

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