Desde el balcón

Estándar

Así fue como se desvaneció la niebla, a puro sol y viento. Ahora la luz es clara y brillante. En el puerto, las fachadas de los edificios que miran al sur están a la sombra, sensiblemente más frías, pero al resguardo de la brisa del noroeste. Sin saber por qué, mi vista se ha posado sobre una de esas construcciones cúbicas. En el tercer piso todos los balcones están protegidos por vidrios y todas las ventanas están cerradas, excepto una. Una mujer (a lo lejos joven y morocha) descansa de pie, acodada sobre la baranda del balcón. Tiene a su frente la dársena marrón y todo el resto del río, amplio hasta el horizonte, a su izquierda. Me da la impresión de que con sólo levantar su mirada podría ser feliz. Sin embargo, sin despegar los pómulos de las palmas hunde la vista en su propia vereda. Tal vez espere a alguien o tal vez ya deba dejar de esperar. Si sólo levantara la mirada…

Otra párrafo de Daisy de la época en que trabajaba de frente a Puerto Madero. Las horas se le hacían largas, y por suerte escribía cosas como esta :-)

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