Baldosa bidet

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El hombre toma Azopardo hacia el sur y siente un frío repentino porque el viento se le cuela por el tejido de su pullover de lana. Va apresurado, debe querer llegar a tiempo a alguna cita en el puerto y sabe que sólo así podrá lograrlo. De repente se detiene en seco. No puede creer tanta desgracia. La baldosa que acaba de pisar, rajada hasta el centro del planeta, esconde bajo su vientre la inmensidad del lago Titicaca. El chorro de agua escala su pantorrilla y lo empapa hasta el muslo. Al reanudar su marcha redobla el paso y en la esquina toma Estados Unidos rumbo a Puerto Madero. La niebla presiona a Buenos Aires contra el piso. Así parece creerlo el hombre de la pierna mojada, que camina cabizbajo hacia una cita. Y no llega.

Otra visión de Daisy desde el hastío de su viejo trabajo.

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