Casi una revelación

Estándar

La reunión estaba muy animada. Un par de grupos eran muy bulliciosos, pero la mayoría prefería charlar y reír normalmente, con estilo. La música y los perfumes recorrían en oleadas los tres ambientes del departamento. Me reconfortaba pensar que aunque hubiera nacido sordo y ciego, aun así sabría que estaba rodeado de mujeres hermosas. Meses después, en su estudio, Micaela me contó que eran modelos y que, en general, accedían a posar tan desnudas como al llegar a este planeta.

– “Hago magia”, respondió a mi gesto mientras daba un giro sensual que me enfrentó con el Ché Guevara que vivía en su cuello.

Pero yo también tenía claro que no cuadraba el glamour estúpido de la fiesta. De vez en cuando Micaela, por buena anfitriona, se me acercaba con algún bocadillo y charlaba un rato. En una de esas me arrastró por el departamento para enseñarme las fotos de las paredes. Era una idea interesante: mendigos y cartoneros en una Buenos Aires blanca y negra. Al llegar a su cuarto, me abandonó de repente ante su autoretrato.

Un rincón de su cuarto me resultó fascinante. Una breve estantería sostenía recuerdos, libros releídos, souvenirs, folletos de viajes, estatuitas, un peluche de Betty Boop. Había otras personas allí, pero no dudo que el rincón sólo me atraía a mí. De lejos noté una foto color 10×15 pegada a la pared con cinta de pintor, y me acerqué. Antes de llegar, ya sabía lo inevitable. Arrancarla fue fácil, aun cuando descascaré la pintura en el tironeo. La guardé en un bolsillo.

La experiencia duró apenas unos segundos con gran intensidad. Quizás haya sido como descubrir un Aleph o como lo que le sucedió al Hombre que vio a la Partera. Algo se abrió en mi mente… Y si bien no penetré por esa grieta en el tiempo, la adiviné. No alcancé a ver la revelación, la percibí. Esa foto había sido tomada desde la puerta. El rincón estaba allí, casi idéntico. Micaela bailaba y con el brazo derecho tapaba el sitio exacto en donde, supuse, después pegaría la foto.

– “Te equivocás. Siempre estuvo allí pegada.” Micaela había regresado, pero ¿cuándo? ¿Habría visto todo? Deseé estar a kilómetros de distancia.
– “Es imposible”, retruqué.
-“Sí y no, depende. Ya te lo dije, hago magia.”

No daba para más, mi cabeza estallaba. Diez minutos después caminaba por Colegiales en busca de la estación con una sola certeza en mente: la volvería a ver muy pronto, en su estudio, y ahí sí le pediría explicaciones. Mientras tanto, disfrutaba del paseo nocturno de vuelta a casa.

Al sacar el boleto, la foto cayó al andén y se perdió.

Esta historia algo rara me la contó Hannimal cuando vio por primera vez a Micaela acá en B.A. después de su viaje por EE.UU.

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2 comentarios en “Casi una revelación

  1. Sergio Mauri

    Eventualmente, a los hombres de fe nos rodean tres o cuatro mujeres hermosas. He ahí la magia. Como creer en tanta suerte? Muy simple. Uno les habla. Si le dan bola, es un sueño, sin duda. Ahora bien, si nos miran con ojos transparentes y sentimos un inmenso deseo de patearles la cabeza, es que estamos en algún lugar erróneo. Las mujeres bellas y nosotros no conjugamos.
    Hasta mujeres lindas, inteligentes, llegamos. Pero no más. Micaela, es harto evidente, logra que milagros como el que se narra sucedan.
    No hay que olvidar que Carlos Argentino Daneri, al hallar el Aleph bajo la escalera, sintió un inmenso vértigo. Y qué decir del Hombre que vio a la Partera, apreciando el futuro imperfecto…
    Esa foto no cayó al andén porque sí. Algo tramaba el azar, siempre agazapado.

  2. Maestro Mauri. Cuántas veces nos hemos conformado con eso de que la belleza es interna, no? Lo que sucede en el caso de Micaela es que vaya a saber uno qué tiene en su interior. ¿Serán tripas, o estará hecha de magia? La genética no miente: los genes de Daibushi, para quien toda belleza es interior, son poderosos.
    Carlos Argentino Daneri, mequetrefe que disfrutaba de los alfajores con cognac, tendría que haberse roto el cuello en esa escalera. Debemos agradecerle el Aleph, pero nos dejó un poema (La Tierra) bastante nauseabundo, con estrofas como la que transcribo (en la que “fustigó con rigor a los malos poetas”):

    Aqueste da al poema belicosa armadura
    De erudición; estotro le da pompas y galas
    Ambos baten en vano las ridículas alas…
    ¡Olvidaron cuitados el factor HERMOSURA!

    Abrazo!!

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