Ovejas porteñas

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En el cielo, una nutrida majada de ovejas. La he visto antes en el sur, en la patagonia. Se mueven siempre en conjunto, son ágiles, no se detienen. En sus lomos reciben los rayos reconfortantes de este sol otoñal. Sin embargo, hoy el río amaneció recubierto con la piel de un lagarto overo. Manchado de sombras barrosas y luces perladas, su cuerpo de agua inasible luce una oscura cinta al bies de su horizonte incesante. Mientras tanto, más hacia la orilla, se ha desatado una desigual carrera entre barcos y manchas. Y ya en plena tierra firme, millares de automóviles atraviesan Puerto Madero y Costanera Sur como hormigas multicolores. Buenos Aires es así; desconoce el sosiego.

Este texto es sólo una de las numerosas historias que Daisy Torres me contó que escribió mientras esperaba que se le hicieran las 17 para huir del trabajo. Por suerte, su escritorio miraba al río.

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